Opinión: La visión de un profeta
Inmigración
Rafael Sanz. Opinión. La visión de un profeta
 
Muchos se preguntan por la falta de reacción de los europeos ante el desembarco en su territorio de millones de inmigrantes de Tercer Mundo , su incomprensible apatía ante la próxima extinción biológica y cultural de los pueblos europeos. Pues bien, analizando el tipo de hombre moderno, Alexis de Tocqueville nos da la respuesta en su obra « La Democracia en América », publicada en 1835. 


Aquel día Diderot entró sofocado y desesperado en casa de su amigo Malesherbes : « ? Qué va a ser de mí ? », exclamó ; ? cómo traladar todos mis manuscritos en 24 horas ? No tengo tiempo de hacer la selección... Y sobre todo, ? Dónde encontrar gente que quiera encargarse de ello y que pueda hacerlo de forma segura ? ». « Enviadlos todos a mi casa, respondió Malhesherbes, no vendrán a buscarlos ».

Malesherbes era una famoso botánico, de cuyas plantaciones en su castillo de Malesherbes trataba siempre en la correspondencia que mantenía con Voltaire y Thomas Jefferson (tercer presidente americano, que abolió las carrozas del protocolo presidencial, 2 legislaturas después de que un príncipe de Prusia rechazase el Trono de Estados Unidos que los Padres Fundadores le ofrecieron, lo cual nos ha privado de la visión de un príncipe prusiano en carroza por las calles de Washington).

Malesherbes era también ministro y consejero de Estado de Luis XVI, así como Director de la Librería y responsable de la Censura Real. Los papeles de los que su amigo Diderot hablaba eran pura dinamita : la Enclopedia, un minucioso trabajo de recopilación de todas las ramas del saber, pero salpicado todo de una visión atea y nihilista, disolvente de las instituciones y valores de la época. La Enciclopedia, que atacaba el cristianismo y la Monarquía en nombre de la Razón, constituyó la base ideológica de la Revolución y sus océanos de sangre, en medio de los cuales perecería el propio Malesherbes.

Cuando el vendaval revolucionario estalla, es prácticamente imposible encontrar en Francia un abogado dispuesto a defender al depuesto rey Luis XVI. En un acto de valor que le honra, Malesherbes abandona su exilio suizo para defender al rey. Luis XVI sentía cierta antipatía por Malesherbes, pero al recibirlo en la cárcel lloró de emoción al ver cómo su antiguo ministro se arrodillaba ante él tratándole de Majestad. Tras meses de tratamientos groseros durante su cautiverio, al depuesto rey le emocionó el coraje de su antiguo ministro. « Vuestro sacrificio es tanto más generoso por cuanto arriesgais vuestra vida y no salvareis la mía”. En efecto, meses después de la ejecución del rey, Malesherbes subiría al cadalso junto con su yerno Luis Le Pelletier de Rosambo, presidente del Parlamento de París, su hija Antoinette, su nieta Aline y su marido Jean-Baptiste de Chateaubriand, así como dos de sus secretarios. Saliendo de la cárcel y antes de subir a la siniestra carreta, su pie choca con una piedra y se tropieza. « He aquí, dice sonriendo con melancolía, un mal presagio; en mi lugar, un antiguo romano se habría dado la vuelta a casa. »

« Todo lo que he realizado en mi vida y todo lo que soy se lo debo al recuerdo de mi bisabuelo Malesherbes », diría mucho tiemop después su bisnieto Alexis de Tocqueville, cuyos abuelos se salvaron de la guillotina gracias a la caída de Robespierre. Tocqueville había comprendido desde su infancia que hay un tipo de hombre capaz de sacrificio y grandeza moral, un tipo humano lleno de ideales del que su abuelo Malesherbes era para Alexis de Tocqueville el ejemplo.

Miembro de la nobleza normanda, al igual que su discípulo el conde de Gobineau, sus antepasados habían participado en la batalla de Hastings en 1066, que llevó a la conquista de Inglaterra por los normandos y al fin del dominio de los anglosajones. Abogado de formación y juez auditor del Tribunal de Versalles, Tocqueville protagonizará una brillante carrera política que finalizará con el golpe de estado de 1851, que estableció la dictadura de Napoleón III. Brillante parlamentario, Tocqueville tenía ideas monárquicas y liberales, aunque acabó siendo ministro de Asuntos Exteriores de la República tras la caída del rey Luis Felipe en 1848. Apasionado humanista, fue ardiente partidario de abolir la esclavitud y un crítico implacable de los excesos de la conquista francesa en Argelia y del genocidio de los indios en Estados Unidos. Crítico con el modelo colonial francés basado en la asimilación, era partidario del modelo inglés de colonización, basado en la segregación racial.

Pero por lo que pasará a la historia Tocqueville es por su obra « La Democracia en América », publicada en 1835 tras un viaje a los Estados Unidos para estudiar el sistema penitenciario americano. Es tras su regreso de Estados Unidos, cuando Tocqueville abandona definitivamente la magistratura para dedicarse a la política y a la producción intelectual.

« La Democracia en América » sitúa a Tocqueville como padre de la Sociología y el pensamiento político moderno, y hace que se le considere como uno de los defensores históricos de la democracia y el liberalismo. Coincide con Marx en la idea de que la tendencia a la igualdad en las sociedades modernas se produce de forma inconsciente, y con Max Weber, otro grande de la sociología y el pensamiento político, en el método : de fenómenos o datos empíricos muy precisos, pasa a la construcción de modelos que aspiran a hacer la realidad general comprensible. Su tendencia es buscar datos para hacer construcciones generales; se basa en una realidad concreta desde la que construye modelos generales.

Su extrema originalidad radica en comprender que determinados modelos políticos y sociales producen distintos tipos de hombre, una idea que también obsesionó a Nietzsche (« La democracia producirá un tipo de hombre preparado para la esclavitud », ecribió el filósofo sajón). La interacción entre tipos humanos y estructuras políticas y sociales fue también entrevista por Napoleón, que nos dejó su visión de la Revolución con una célebre frase : « ? Qué fue la Revolución « ? Un ejercicio de vanidad. La libertad no ha sido más que una excusa».

Hechizado por el destino trágico de su bisabuelo y su familia, Alexis de Tocqueville entendió que un nuevo tipo humano había nacido en América, un tipo humano moldeado por la democracia y que llegaría a ser dominante en Europa. Este tipo humano, práctico y utilitarista, estaba muy alejado del idealismo y los valores de la vieja Europa, valores que ejemplificaba la familia de Tocqueville.

Muchos se preguntan por la falta de reacción de los europeos ante el desembarco en su territorio de millones de inmigrantes de Tercer Mundo , su incomprensible apatía ante la próxima extinción biológica y cultural de los pueblos europeos. Pues bien, analizando el tipo de hombre moderno, Alexis de Tocqueville nos da la respuesta en su obra « La Democracia en América » :

« Si imagino con qué nuevos rasgos podría el despotismo implantarse en el mundo, veo una inmensa multitud de hombres parecidos y sin privilegios que los distingan, incesantemente girando en busca de pequenos y vulgares placeres, con los que contentan su alma, pero sin moverse de su sitio. Cada uno de ellos, apartado de los demás, es ajeno al destino de los otros ; sus hijos y sus amigos forman para él toda la especie humana; por lo que respecta a sus conciudadanos, están a su lado y no los ve ; los toca y no los siente ; no existe sino en sí mismo y para sí mismo, y si bien le queda aún la familia, se podría decir que ya no tiene Patria. »

 

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