Opinión: Economía de guerra
Economía

Economía de guerra
Luis López

En los últimos tiempos en los dos partidos dominantes de esta endogámica “partidocracia” se habla, se evangeliza, se pontifica sobre las nuevas direcciones y soluciones que hay que tomar para solucionar la situación socioeconómica.



Unos abogan por recortar todo tipo de imposición fiscal, por reducir las cotizaciones empresariales, por abaratar el despido: son los neoliberales democristianos con salvedades, porque en nuestra bendita capital del reino, la presidente de la Comunidad  por un lado y nuestro faraónico alcalde, nos fusilan a tasas, gravámenes, impuestos superpuestos y multas casi hasta por respirar, pero todo ello sin traducirse en el sano equilibrio de contrarrestar esas “obligaciones” con más derechos o beneficios. Niente di niente o Rien de Rien, que diría aquel, con ánimo de  darle un toque afrancesado, ese afrancesamiento que les gusta tanto a estos neoliberales aprendices del derechismo “ilustrado” de Monsieur Sarkozy. 
 
En frente tenemos a los socioliberales, demasiado liberales para ser socialistas, demasiado socialistas para ser coherentes,  apóstoles de las subvenciones,  compradores de votos que sirven para  meter paladas de arroz en las bocas de sus prosélitos, son  devotos de la estandarización y socialización de la mentalidad funcionarial que se extiende como una mancha de aceite en el mar, mentores expertos en malcriar a la sociedad y a sus  cachorros -“para que voy a dejar de cobrar la prestación con el trabajo que me ofrecen”.-
 
El empirismo histórico nos dice que ninguno de los dos tiene razón, porque los dos partidos endémicos que sufrimos los españoles, son pandemia unida y fuerte frente a la coherencia, frente a una tercera vía económica y social. El leit motiv del neoliberalismo decadente es esa premisa repetida hasta la saciedad por sus chamanes económicos “los mercados se autoregulan”…absolutamente falso y es ahora cuando hay que gritarlo bien fuerte, porque si esa mentira es el cimiento de la estructura económico social que esta por nacer ahora que hace falta un reverdecer de posturas y premisas, ante el agotamiento de la actual, lamento decir que el cimiento está ya carcomido. Es falso su planteamiento porque en su ecuación magnifica, no cuentan con que una de las variables máximas es la iniciativa humana, codiciosa per se, si solo se fundamente en lo individual y tiene como horizonte la individualidad capitalista.
 
La brillantez y la individualidad son importantes y necesarias en cualquier ámbito de la vida y por supuesto en lo económico, pero si solo prima eso, no hay nada, acabaremos remando cada uno hacia un lado mientras la barca hace aguas. Y finalmente rescatando a los piratas financieros que surcan las aguas de nuestra economía, los que han obtenido patente de corso de su graciosa majestad el FMI, para hundir las naves de la flotas soberanas de cada país, para convertir “los mercados” en un mar de infestado de tiburones tumefactos de codicia y avaricia, con la usura como norte en sus brújulas de navegación.
 
Ahora parecen darse cuenta de que las estructuras económico sociales del país están obsoletas, acabadas, desecadas. Se dan cuenta de que hay que volver a soñar una solución, porque su paraíso neoliberal, se ha convertido en una quimera. El sueño se convirtió en pesadilla pues la realidad es palmaria:
 
1. La política de fronteras abiertas ha supuesto la desregulación del mercado laboral español, facultando la bajada de rango salarial de los españoles y una merma de las condiciones laborales de nuestros trabajadores. A mayor número de salario aceptantes, menor deseo de subir los salarios brutos de los trabajadores por parte de los demandantes de empleo (los empresarios), mayor atomización del ánimo reivindicativo y mayor división de la masa ofertante de trabajo, con diversas finalidades y anhelos en cuanto al acceso y desarrollo en el empleo.
 
2. El centrar el crecimiento económico del país en sectores de actividad que se basan en el consumo interno: construcción y turismo (patrio), es un grave error porque no supone una inversión de futuros, sino fundamentarse en un autoconsumo que tiene fecha límite: cuando se acaban los ahorros, cuando crece el desempleo y cuando sube el interés del crédito hipotecario. Tiene un claro efecto boomerang, ya durante un cierto tiempo es beneficioso porque supone el aumento del PIB, al  haber incremento del consumo interno, pero es un espejismo que se desvanece en cuanto la dura y cruda realidad se hace protagonista de la película: nadie compra una vivienda, ni se va a la playa, cuando no hay comida en la mesa.
 
3. No afrontar la necesidad de un cambio estructural, radical, del proceso productivo: que los alemanes vengan a veranear a nuestra depauperada piel de toro, como único horizonte productivo, no puede ser más que otra piedra más para que nuestro país tenga cada vez más una economía de país colonizado, satélite y sumiso de los países locomotora, de Europa.
Es por todo ello que es necesario, actuar como en una situación de guerra, de guerra contra el desempleo, contra la falta de identidad nacional y personal que impone la globalización economicista, guerra contra el colonialismo económico, guerra contra la falta de futuro para nosotros y nuestros hijos, de la guerra contra la inmigración masiva que desestructura nuestro sistema de relaciones laborales y nuestro sistema de Seguridad Social, guerra contra las subvenciones públicas para reflotar bancos y constructoras,…es la hora de la guerra.

 

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