Actividades: El límite de la población de España
Economía

El límite la población de España
Alberto Grasa

 
“O tú o ellos”: Es la frase que se va a poner de moda los próximos años.
 
La crisis que estamos empezando a sufrir va a durar cinco años a partir del momento en que un Gobierno responsable trace un plan de desarrollo alejado del ladrillo, la especulación de todo tipo y la manga ancha con los intermediarios de todos los sectores. Porque es una crisis estructural, hay que refundar el sistema productivo y la economía española. Cinco años desde que se pongan a ello, que es el tiempo medio en que empiezan a dar fruto éstos planes, por lo que nos quedan seis, siete, ocho... no se sabe cuántos años por delante.


Durante el tiempo que dure la crisis se van a alcanzar los seis millones de parados, tal y como vaticinamos desde Iniciativa Habitable a primeros de 2008, cuando había dos y “era imposible” llegar a cuatro (a fecha de ésta redacción la E.P.A. da cuatro y medio).
 
Cuando acabe la crisis quedará un paro residual que afectará a unos cuatro millones de individuos. Por un lado los dos millones de parados que de siempre han estado ahí y muchos vivían de la economía sumergida, sólo que entonces serán parados de verdad porque se reducirá el trabajo oculto. Por otro lado un excedente de otros dos millones que han trabajado en sectores que no van a volver a ser lo que eran, como la construcción y el turismo masificado y sus subsectores dependientes.
 
Durante los años de vacas gordas (no muy gordas para la mayoría ), se empezó a escuchar “o tú o ellos”. Cuando un obrero español no quería realizar un trabajo por un sueldo inferior al que venía cobrando;, le amenazaban con contratar a un inmigrante que no se quejaba. En la actualidad escuchar ésa frase es aún más grave cuando sabe el obrero que si le echan no va a encontrar otro trabajo fácilmente.
 
En el futuro más inmediato la frase  “o tú o ellos” va a estar en la mente de los parados españoles que guardarán turno ante las oficinas del I.N.E.M., y durante muchos años.
 
La lógica dice que el enorme excedente poblacional que se ha generado con la inmigración, entre seis y siete millones de personas, debe ser repatriado a sus respectivos países. No hay recursos para todos. No los había antes de empezar la crisis y se crearon necesidades de mano de obra ficticias, para inflar los sectores especulativos. Ahora, una nueva línea o plan económico no necesita ésa mano de obra y tampoco las arcas del Estado pueden mantenerlos en España sin penalizar las ayudas a los propios españoles.
 
Que ésas personas han emigrado para solucionar una situación económica desastrosa en sus países de origen lo sabemos.  Pero hay que ayudarles cuando estén allí, en lugares que por lo general multiplican los recursos de España y no los gestionan bien, sea por aumentos demográficos desmesurados, políticos corruptos o intereses de las multinacionales. Lo que está claro que el problema no se soluciona si emigran a España, sino que se traslada a nuestro país y aumenta el número de personas necesitadas al incluirse los mismos ciudadanos españoles.
           
 
Por qué España no puede soportar una carga excesiva de habitantes
 
Históricamente España no ha sido un país de mucha población, porque es una tierra pobre. Siendo uno de los territorios más estables durante el máximo esplendor del Imperio Romano, amén de yacimiento metalífero y granero, no superó entonces los diez millones. Entonces sólo Roma, un pedacito de la Península Itálica tenía dos. Mil años después tenía siete millones, aún siendo un imperio. La mitad que Francia, los estados de Italia o Alemania. Otros mil años después, superadas las diferencias industriales con Europa, tiene treinta y nueve millones, oleada de inmigrantes aparte. En resumen, nunca hemos cabido muchos.
 
Para justificar estas afirmaciones vamos a emplear como elementos fijadores de población, el potencial productivo, al que ya se ha llegado al máximo y el límite ecológico que tiene nuestro terruño. Emplearemos datos internacionales de 2002 y 2005, ya que los actuales con el baile de cifras que orquestan gobiernos de izquierda y derecha según quieran darlos, no son fiables ni trasladables a la marcha de la economía del ciudadano. Si quieren una prueba miren sus nóminas de hace cuatro años y vean si les han subido el 4% anual que dicen hemos avanzado desde entonces.
 
 
El límite industrial y productivo
 
Para hablar del potencial productivo, es una meta el intentar con el tiempo, llegar a los niveles de vida de los mejores de nuestro entorno más cercano en el suroeste de Europa. En el arco mediterráneo europeo los dos países más potentes son Italia y Francia y con todos mis respetos, dejamos a un lado Portugal o Grecia. Desde luego no ha lugar compararnos con países de otros climas y recursos, en los que por cierto, en recursos naturales nos gana la mayoría aunque les llamen tercer mundo. Tampoco con los de diferente situación política.
 
Empecemos con los datos medios. Único dato de 2009;  Francia e Italia cuentan con 60 millones de habitantes, más o menos estabilizados en población. España tiene los 39 millones ya citados, mas 6 millones de inmigrantes (legales e ilegales) y su descendencia, lo que da un total de 45 y subiendo. Para cada uno de ésos habitantes hay una renta per cápita aproximada de 23.500 dólares en Francia, 20.500 dólares en Italia y 17.000 dólares en España.
 
Las tres naciones tienen su potencial productivo prácticamente al máximo, pero Francia tiene un déficit comercial del 3%, Italia un superávit del 2%, y España ronda un déficit del 40% en las previsiones más optimistas (datos de 2002, hoy mucho peores).
 
En los tres países los recursos y la industria están sobreexplotados y seguramente no queda ninguna balsa de petróleo ni filón de hierro por descubrir. La proverbial riqueza metalífera española de la antigüedad no da hoy para cubrir nuestras necesidades básicas (hierro, cobre, estaño, plata, uranio…), teniendo que importar al precio que nos cobren. Francia e Italia a falta de suficientes recursos propios, tienen a un tiro de piedra, como de Sevilla a Valencia en ambos casos, las ricas minas de la Europa Central. Estos son los resultados que arrojan los recursos más imprescindibles en las tres naciones.
 
Gas natural; Francia 1.800 millones m3, Italia 15.000, España 180.
Petróleo; Francia 1,9 millones de toneladas, Italia 4 y España 0,3.
Producción de acero; Francia 20 millones de toneladas, Italia 27 y España 15.
Producción de aluminio; Francia 800.000 toneladas, Italia 200.000 y España 600.000.
Electricidad; Francia 520.000 millones de kw/h, Italia 265.000 y España 220.000.
Sal (obtención de cloro); Francia 7 millones de toneladas, Italia 4 y España 3.
 
También nos superan en producción de maquinaria, automóviles, aparatos de comunicación y tecnología, en proporciones de varios a uno. Nosotros a ellos en mercurio, que cada día se usa menos. En carbón, cada vez más en desuso y cerrando minas por la competencia de terceros países. En materiales de construcción, que son sobre todo para consumo interno y con la crisis del sector no se venden ni se venderán.
 
El turismo no entra en este análisis por no ser una industria real y además ser muy fluctuante. Cada día con nuevos destinos en distintos puntos del globo que pueden llevarse gran parte del mercado español en cualquier momento. Además, tanto Italia como Francia son dos potencias de primer orden casi parejas a España.
 
Como se puede apreciar, tanto en la producción nacional como per cápita salimos perdiendo. Eechando cuentas en cuanto a materias primas y potencial productivo, para igualar producciones por habitante, dicen los expertos (los no correctamente politizados) que España debería tener 36 millones de habitantes a lo sumo.
 
Hablar de un desarrollo industrial para subir la población o que la subida de la misma, como sucede hoy, produciría un incremento de la industria, es decir tonterías. Casi toda la inmigración ha estado dedicando a la construcción (en crisis). Al gigante con pies de barro que es la hostelería-turismo. A las labores domésticas, un lujo que cada día menos españoles se permiten o las labores agrícolas a bajo sueldo y de los que se prescindirá según se acaben las subvenciones de la U.E., que ya están bajando.
 
Paralelamente nos estamos desindustrializando, gracias a la bendita globalización, que manda las factorías a lugares con mano de obra barata. Italia y Francia por otro lado tienen potentes marcas propias (Peugeot, Fiat, Renault o Zanussi) que dejarán empleos en sus países, no así España.
 
La referencia de desarrollo industrial sin materias primas es Japón, con 130 millones de habitantes. Japón cuenta con un patio trasero donde sacar de todo. Es el Océano Pacífico, que sólo comparte con China y EE.UU., ya que los famosos “tigres asiáticos” no son más que cachorros suyos. Nosotros no disponemos de ese patio, y lo poco que podríamos tener lo debemos compartir con el resto de la U.E. y Estados Unidos. Hemos de resaltar que Japón mantiene desde hace décadas su estatus de segunda potencia mundial casi sin inmigrantes, los extranjeros allí son anécdotas.
 
No debemos olvidar que a Francia e Italia les superamos en paro, temporalidad de los contratos y mayor número de millonarios. Esto hace que la renta “per cápita” real sea mucho más baja que esos 17.000 dólares.
 
 
El límite ecológico
 
Es el más determinante para fijar la población de un país. El primer y principal factor es el agua, tanto en cantidad como en calidad. La media pluviométrica en Francia y en Italia está por encima de 900 litros por m2 al año, en España no llegamos a 500. Encima, en estos dos países la lluvia está mucho más distribuida a lo largo del año, y cuando cae aquí lo hace durante seis meses. Ocurre tan rápido que o se llena de lodo o se pierde en riadas, aparte de pasar otros seis meses sin ver una nube en el cielo. Si a alguien no le cuadra la humedad de Italia (Francia nos parece más verde), que piense que los alrededores de Roma, recuerdan las colinas de Bilbao, y los montes del entorno de Nápoles, al sur, reciben tanta lluvia como Asturias.
 
El agua mezclada con el terreno fértil dan lugar a la agricultura, algo que aunque no suponga mucho en la economía nacional, si en el bolsillo particular. Además es la base de las industrias de ganadería y transformación de alimentos. Además, en caso de una grave crisis se puede prescindir de todo menos de comer, con lo que la agricultura adquiere una importancia capital.
 
Francia y España tienen los dos territorios más extensos de la U.E., 543.000 y 506.000 km2 respectivamente, mientras que Italia cuenta con 301.000 km2. Francia y España podrían equivaler territorialmente. Italia a 3/5 de los dos anteriores, con lo que se debería multiplicar casi por 1,7 su producción nacional para comprobar la riqueza de su suelo. Valga todo esto para comparar las cifras de producción, ya que los tres países dedican de su superficie aproximadamente el 35% a cultivos y el 30% a bosque maderable.
 
Producción de trigo; Francia 39 millones de toneladas, Italia 6 y España 5.
Maíz; Francia 16 millones de toneladas, Italia 10 y España 4.
Cebada; Francia 11 millones de toneladas, Italia 1,2 y España 8,4.
Remolacha; Francia 32 millones de toneladas, Italia 12 y España 7.
Patata; Francia 7 millones de toneladas, Italia 3 y España 3.
Uva; Francia 7 millones de toneladas, Italia 9 y España 5.
Madera; Francia 39 millones de m3, Italia 10 y España 15.
 
Los anteriores son productos básicos que se pueden y deberían cultivar en secano, sin tirar del regadío. Porque aunque les igualamos, en producción frutal, hortalizas y cítricos, inclusive superándoles en algún producto específico, en España éstas producciones necesitan agua que no hay donde se cultivan. Y cada día llueve menos. Y cada día hay más peleas por los trasvases de agua. Y cada día hay que invertir más en modernizar el riego, con menos subvenciones de Europa.
 
Por otro lado, los productos antes referidos (a excepción de la madera y uva) son base de la alimentación ganadera, cuyos costes son más elevados en España. Baste decir, para el que no lo sepa, que el jamón y embutido barato de Cantimpalos procede de animales polacos y checos, de mucho menor coste que el criado en la provincia de Segovia.
 
Al menos les superamos sin peros en aceite de oliva, ya que España es un país que pide la agricultura y ganadería extensiva. Esto ha de tomarse como un atraso, sino una adaptación a lo que hay, combinándolas con la calidad del producto. Lo que no podemos soñar es acercarnos a la producción “comercial” de países con el doble de humedad, triple riqueza mineral en el suelo y cuádruple menor riesgo de erosión.      
    
En cuanto al terreno, con la misma calidad del suelo que nosotros tenemos en el 70% de nuestros cultivos, en Francia e Italia lo dedican a pasto por su pobreza. El 25% del total de nuestro territorio que dedicamos a pastos, siendo la mayor parte eriales, allí se califica de improductivo. La elevada altitud media que tenemos frente a ellos, sin glaciares ni caudalosos ríos que rieguen los valles como sucede en Suiza, hace que la mayor parte de España sea el equivalente a alta montaña o las estepas de clima continental de Asia (con menos de 5 habitantes ./km2).
 
De todo lo anterior sale que España debería tener unos 32 millones de habitantes como máximo para tener el mismo nivel que ellos por habitante. Son datos obtenidos de estudios de la F.A.O. y varias facultades de Ciencias Ambientales.
 
Todos los datos confluyen en una media sostenible de 34 millones de habitantes.
 
Curiosamente España frenó al ir acercándose al Nivel Europeo en 39 millones, y las previsiones sin inmigrantes eran que nos pondríamos en 35 hacia el año 2020. Desde que se ha desmadrado la entrada de extranjeros en España, puede que la economía haya subido el 4% anual, pero no en los bolsillos del ciudadano medio. EL vecino también es el consumidor de los productos de ésa economía y sin dinero acabará consumiendo menos, terminando con ésta Arabia Feliz. Al final… “o tú o ellos”
 
En muy poco tiempo los economistas, empezando por los que no están a sueldo de los intereses políticos o de determinado empresariado, van a pedir la repatriación a sus lugares de origen de los inmigrantes. Ya pasó en Centroeuropa en los años 70 y 80. Se les dio su aportación a la Seguridad Social y se volvieron, muchos de ellos españoles, y no pasó nada. Aquellos repatriados abrieron negocios e impulsaron la economía de su país de origen. Los economistas van a echar cuentas de lo que supone devolver las aportaciones a los inmigrantes repatriados y lo que cuesta mantenerlos aquí en paro junto a su familia y se van a decantar por la primera opción.
 
La clase política se va a hacer el humanitario, aún sin serlo ni tener idea de la realidad de la calle. Algunos empresarios despotricarán porque se les van los “esclavos”. Pero la misma sociedad española al sentir el mensaje de que sus subsidios y ayudas se ven mermados por la población inmigrante pensarán en el “o tú o ellos”. Cuando piensen que el inmigrante cobra lo mismo o más que ellos, con tiempos y cantidades de cotización muy inferiores y número de cotizantes también inferior (inmigrantes 6-7 millones con 2 de población activa, españoles 39 millones con 18 de población activa) se verán respaldados por la razón.                        
 

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