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Economía

Operación Chamartín: Nueva pachanga entre el Ayuntamiento de Madrid y los ladrilleros
Alberto Grasa

A principios de éste año se ha desbloqueado la “Operación Chamartín”, ansia de políticos y esperanza de ladrilleros. Para el que no lo conozca vamos a explicarlo brevemente en imágenes, al modo de la famosa película El Golpe, ya que también esto va de pícaros y ambiciosos.



El proyecto: Se trata de urbanizar sobre las vías de la Estación de Ferrocarril de Chamartín, enlazando con la Castellana Norte y prolongando ésta avenida, hasta llegar a la M 40.
 
Los problemas: La operación ha estado parada 20 años. Sencillamente porque cuando se construyó la zona de vías que ahora pretenden tapar, se pagó a los expropiados por un terreno que iba a tener uso de transporte o zona verde. Lógicamente sus descendientes reclaman un dinero que no se les dio al variar el tipo de expropiación.
 
El desenlace: Recurriendo a todo tipo de tretas y hurtando a los expropietarios sus tasaciones reales, el proyecto ha visto la luz.
 
Después de ponernos en situación, toca describir la magnitud de la operación: Desde la conexión con la M 40 hasta la Plaza de Castilla se van a levantar entre treinta y cuarenta mil viviendas de protección oficial y quince rascacielos para uso comercial de más de veinticinco pisos. Alguno de ellos tendrá entre sesenta y setenta. Todo esto a lo largo de tres kilómetros escasos.
 
Quien conozca la zona sabe que desde Azca, dos kilómetros al sur, hasta La Paz y la parte de Arturo Soria, se levantan ya dieciséis torres de más de veinticinco pisos. Las cuatro últimas de más de cincuenta. Y están levantando otra. Quien lo sufre sabe que la entrada a Madrid por aquí es la más colapsada, ya que el Manhattan madrileño prima el uso del coche frente al transporte público. Y lo van a multiplicar por dos, aumentando sesenta mil nuevos residentes.
 
Una planificación urbanística adecuada sólo permitiría construir algún rascacielos más en la zona de la Plaza de Castilla o más al sur. Allí se puede acceder desde otras entradas de la ciudad evitando que se llegue al norte de La Castellana desde el Nudo de Manoteras y abunda la infraestructura de transporte público, donde se “obliga” al trabajador a llegar en metro.
 
En los terrenos de las vías se deberían construir aparcamientos disuasorios de entrada a la ciudad y jardines. Desde luego no tal cantidad de vivienda protegida, que hundiría más aún los precios y remataría la crisis inmobiliaria. La alternativa pasa por comprar los pisos embargados que abundan por Madrid y los transformarlos en V.P.O..
 
En caso de llevarse a cabo la Operación Chamartín, en el remate norte se construirían más infraestructuras, dañando las zonas boscosas del noroeste madrileño. Los munícipes ladrilleros no caen en la cuenta de que el urbanismo es hacer habitable la ciudad para sus residentes, no calcular conglomerados de torres y autopistas.
 
El noroeste de Madrid debe ser intocable para aliviar el clima de la cuidad. Desde Madrid en dirección a La Sierra, se ubican: La Casa de Campo, El Pardo, La Dehesa de la Villa, el Bosque de Viñuelas, el Parque de la Cuenca Alta y finalmente la Cordillera Central. Forman un bosque continuo de 60 km. de largo y 25 de ancho, que se prolonga desde la entrada de la ciudad hasta la sierra de Guadarrama. En este espacio al lado de 6 millones de personas, hay ciervos, jabalíes e inclusive desde hace unos años, tras 40 de ausencia, lobos.
 
Pero no sirve ésta masa forestal sólo para regalarse la vista. Su influencia en el clima de Madrid al aumentar la humedad relativa del aire y encauzar el fresco viento serrano, hace que el tórrido verano madrileño tenga tres grados de temperatura menos de media y llueva a lo largo del año 100 litros más. Estos datos se obtienen fácilmente aplicando los parámetros y fórmulas climáticas del Instituto Nacional de Meteorología. En cuanto a su incidencia sobre las afecciones pulmonares y cardiacas de este regalo del bosque, no hay más que preguntar a cualquier médico. En caso de llevarse a cabo la Operación Chamartín completa, a los pocos días el caos circulatorio obligaría a construir varias autopistas sobre éstos espacios verdes.  
 
Desde luego una planificación urbanística identificada con nuestra cultura no permitiría éstas barbaridades rascacieriles. La ciudad europea ideal, heredera de nuestras costumbres urbanísticas tiene un centro comercial formado por edificios de entre 5 y 10 plantas. Este se rodea de zonas residenciales formadas por edificios vecinales de casi la misma altura y bien estructurada en transportes. De este modo se puede ir andando a hacer la compra o a trabajar en la mayoría de las ocasiones. Las plazas ajardinadas rompen la monotonía y se rodean de centros culturales, servicios públicos o iglesias. Nuestro modelo de ciudad respeta el entorno natural, compactándola lo suficiente como para que no se extienda demasiado y tampoco el ciudadano sufra claustrofobia.
 
En el otro extremo está el modelo de Los Ángeles o México. Una masa enorme, amorfa, con un centro plagado de torres Una periferia a base de chalets y barrios aislados entre sí, con un entorno destruido. El segundo modelo es el que gusta a Gallardón.
 
En el Continente parece que ha bajado la fiebre imitadora de Manhattan en París, Londres y Frankfurt. Moscú todavía tiene que dejar hacer a los nuevos ricos y está en auge. Los mismos norteamericanos van renunciando poco a poco a la carrera por la altura de los edificios a cambio de la funcionalidad. Se quedan los grandes rascacielos para países emergentes como China, Indonesia o Dubai, donde el tirano de turno construye esos enormes falos de acero y cristal, creyendo que serán su legado ¿Será Gallardón uno de ellos?
 
Es difícil que Operación Chamartín se complete al cien por cien, pero alcanzando cualquier porcentaje van a salir ganando los de siempre. Si sólo se ejecuta la estructura, se prolonga la Castellana y soterran las vías, aún cuando no se construya nada, se justificará la obra con el servicio a las enormes ciudades financieras de Telefónica y el BBVA. La primera ya está construida justo al final del trazado de la nueva Castellana y alberga 6.000 empleados. La segunda está comenzándose a levantar hacia la mitad del Proyecto. Ambas van a correr con parte de los gastos y el resto lo pagarán los madrileños, como la nueva M 30 o el traslado del Consistorio…  como siempre. Los beneficiarios serán las empresas constructoras. Muchas de ellas supuestamente relacionadas con munícipes madrileños. A nivel de contratación laboral, la mayoría de las caras que se verán en la obra no serán europeas, como sucede en las que se encuentran actualmente en ejecución.
 
De llevarse a cabo la fase edificadora de residencias, los beneficiados serán las grandes constructoras. El ciudadano que busca piso lo obtendrá al mismo precio que cualquier V.P.O. o V.P.P. en otro barrio de Madrid. En caso de levantarse también los rascacielos de oficinas, nos encontraremos con caos circulatorio, destrucción de las zonas verdes del norte y desequilibrio de la red de transporte público.
 
Disgusto y vergüenza son las dos palabras definen la Operación Chamartín.  Disgusto por la actuación de un Ayuntamiento que sólo sabe exprimir a sus gobernados sin preguntarles sobre las barbaridades que perpetra. Y vergüenza por tener como modelo la arquitectura del rascacielos donde nació el Estilo Herreriano.    

 

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