Actividades: Los excesos de Gallardón
Economía

Los excesos de Gallardón llevan a Madrid a una deuda extrema
Manuel Leal


Gallardón presidente

Algunos políticos quieren gobernar, otros legislar… Alberto Ruiz Gallardón quiere presidir España. Sabe que no  goza del favor de las bases de su partido. Por ello utiliza la ciudad de Madrid como un gran escenario a la medida de su vanidad, desde el que hacerse imprescindible en la dirección popular. Así, desde que asumió la alcaldía en 2003 ha despilfarrando en todo tipo de fastos y festejos que le publiciten, embarcado a las arcas municipales en ruinosos proyectos mediáticos como Madrid-Río, la nueva sede del Ayuntamiento o el Madrid Olímpico.
 
La campaña del alcalde ha llevado a la capital a una deuda extrema. Los expertos alertan de que podría elevarse a 8.300 millones de euros al finalizar el año. Una cifra diez veces superior a la que debe Barcelona y aún mayor que la deuda de la Comunidad Autónoma de Andalucía. Solo el pago de intereses previsto para 2009 supera los 234 millones de euros. Esta cantidad supone un 5% del presupuesto total de gastos, más del doble de lo que gasta el Consistorio en escuelas infantiles, de música, centros de formación o asistenciales.



Madrid paga la carrera política del su alcalde
 
Mientras Mariano Rajoy denuncia el perjuicio que sufrirán las clases medias, derivado de la subida de impuestos de Zapatero, la presión fiscal en Madrid se eleva a cotas intolerables.
 
La era Gallardón ha traído una subida de los impuestos directos de un 104%. Los indirectos han aumentado un 127% y las tasas un 213%. Los parquímetros cosechan 400.000 euros diarios. La nueva tasa de basuras recaudará otros 196 millones. El ingreso por multas de tráfico se ha multiplicado por 12 hasta 2008, pero la recaudación en 2009 dejará pequeño este dato. En los cinco primeros meses del año se han impuesto 264.546 multas solo en la M-30, mientras en el mismo periodo de 2008 fueron 49.814. Lo que supone un aumento superior al 400%.  
 
A pesar del diezmo, el dinero no llega. Un meramente publicitario “Plan de Austeridad” ha congelado en 2008 las obras públicas. Debido a ello se han dejado de invertir cerca de 200 millones en la mejora de calles y obras sociales. El Ayuntamiento paga mal y tarde. Paga a 115 días, prácticamente el doble del límite que establece la Ley de Contratos del Estado.
 
Y es que en Madrid el endeudamiento se destina al gasto y no a la inversión. Algunas de las partidas resultan ciertamente insultantes.  El sueldo del alcalde junto con los de 103 altos cargos de confianza, subió un 11,7% en 2008. El jornal de Gallardón supera al de Esperanza Aguirre,  Fernández de la Vega o  Rodríguez Zapatero.  El alquiler de su automóvil cuesta 591.624 euros. Y el trasladado de las dependencias de la alcaldía al Palacio de Comunicaciones de Cibeles, superarán un coste global de 440 millones de euros.
 
 
Las Olimpiadas y Gallardón
 
Fue John Fitzgerald Kennedy quién afirmó que “se puede engañar a todos poco tiempo, se puede engañar a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo”. La desmesura de Gallardón está pasando factura a su popularidad, así que las Olimpiadas podían haber sido su tabla de salvación política.
 
No hay argumentos que permitan prever que unos Juegos Olímpicos vayan a ser rentables. Montreal tardó más de 30 años en pagar la deuda. De hecho la mayoría han resultado deficitarios. Precisamente por eso, el capítulo económico del dossier de Madrid 2016 comienza señalando que: “El Gobierno de España, la Comunidad Autónoma de Madrid y el Ayuntamiento de Madrid, han emitido garantías financieras que aseguran la cobertura de cualquier posible déficit”. Es decir, que el Estado Español se compromete ante el mundo a cubrir el déficit entre todas sus administraciones. Bajo este manto, que no el de la rentabilidad, algunos han creído posible si no el alivio, al menos la distracción de la deuda de Madrid.
 
Probablemente Gallardón, vio también en el Madrid Olímpico la posibilidad de dar su anhelado salto a la política nacional. María Dolores de Cospedal, secretaria general del PP, repetirá casi con seguridad como candidata a la Junta de Comunidades de Castilla-la Mancha. Gallardón el Olímpico podría haber ocupado su actual puesto. Desde la secretaría le hubiera sido sencillo promover un tándem electoral en las próximas generales junto a Rajoy, que inseguro, no se ve capaz en solitario de arrebatar La Moncloa a Zapatero.  
 
 
¿Supone la derrota olímpica el fin de Gallardón?
 
La sorpresa de Gallardón con el fallo del COI ha sido relativa. El Alcalde debió avistar la ineludible derrota tras las presentaciones técnicas en junio. Con el objeto de diluir la responsabilidad, continuó dilapidando recursos y como un moderno flautista de Hamelin, arrastró tras de sí en los últimos meses a gobiernos e instituciones, públicas y privadas. El enredo resultó eficaz y la presencia del alcalde llegó a casi a desvanecerse, cuando tras la derrota de Chicago en la primera votación, algunos medios de comunicación llegaron a celebrar al Rey de España como esperpéntico vencedor de Obama. Arropado en la foto por la sensiblería de una opinión pública manipulada, entre el Rey y el Presidente del Gobierno, Gallardón casi ha transformado su derrota en victoria.
 
Cuenta el escritor Juan José Millás que durante el transcurso de una cena en la que le colocaron cerca de Gallardón, le escuchó decir que había que “casarse con el ABC y acostarse con El País”. Esta indefinición es la definición más exacta de su política. Gallardón quiere ser simultáneamente el mejor candidato de la izquierda y de la derecha. Mostrarse como hombre profundamente conservador y a la vez radicalmente progresista. Ante los grandes problemas siempre ha empleado la suerte taurina de don Tancredo. Se queda encima de su altillo, inmóvil en el centro del ruedo, esperando que el toro pase de largo o en su defecto empitone a otro.
 
Madrid es una de las ciudades más damnificadas por la inmigración de toda Europa, pero su alcalde zanja el tema en la Asamblea Capitales de la Unión Europea parapetado tras su “carencia de competencias para fijar flujos migratorios o conceder permisos de residencia o trabajo”. Madrid se sitúa en el Ranking Mundial de Seguridad Ciudadana como una de las capitales más inseguras de la Unión Europea. Pero cuando preguntan a su alcalde sobre el crimen organizado, este responde: “No quiero abrir una polémica que perjudica a la ciudad de Madrid. No lo quiero hacer”.
 
Si se recupera de esta, Ruiz Gallardón volverá a buscar la ocasión para disfrazar de ayuda a Mariano Rajoy su deseo de entrar en el Congreso, por si acaso se abre ya su sucesión. El peor gestor de toda la historia de la Villa y Corte, igual que Nerón, ha devastado la economía de Madrid para construir su Domus Aurea, en un tributo a su carrera y su persona. Nerón se suicidó para evitar ser arrollado por el pueblo, que asfixiado por sus excesos pedía a gritos su sangre. No resultaría extraño que llegado el momento de una forzada jubilación, Gallardón parafraseara las últimas palabras del emperador: ¡Qué gran político desaparece, al retirarme yo!
 

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