Opinión: Las manos rapaces del destino.
Inmigración

Rafael Sanz. - OPINIÓN -

Las manos rapaces del destino.

Es difícil saber si la civilización industrial resistirá 6.000 años, lo que es seguro es que la llegada masiva de millones de africanos a Europa en pocos años está destruyendo los complejos equilibrios que hacen funcionar nuestras sociedades. Como les pasó a los mayanas, la llegada de los barcos llenos de extranjeros significa para los europeos el principio del fin.



Cuando Napoleón preguntó al matemático Laplace qué lugar ocupaba Dios en su sistema, éste le espetó: “No necesito esa hipótesis”. La racionalidad de Laplace había reducido Dios a una hipótesis, pero el lado emotivo de otro racionalista, Pascal,  había sentido antes que él la melancolía de su pérdida, que le llevaba a decirse aterrado por el silencio eterno de los espacios infinitos.
 
Racionalidad y emotividad conviven incluso en los grandes hombres, y Darwin no podía ser una excepción a la regla. Cuando la muerte le arrebata a su niña de 8 años, pierde la fe, cae en la depresión y el ateísmo determina su pensamiento. Incluso alguien tan racional como Darwin no podía evitar la emotividad al intentar explicar el mundo. Pero es turbador comprobar que incluso alguien tan progresista como Darwin estaba lleno de prejuicios, y los prejuicios nublan el entendimiento.
 
En su vuelta al mundo en el Beagle, recogió a 3 indígenas de la Tierra del Fuego, de la tribu de los mayanas. Los  paseó por Europa, los presentó al rey de Prusia y convivió con ellos antes de devolverlos a su tierra natal. Cuarenta generaciones le separaban de los romanos y sin embargo hubiese repetido el famoso juicio de Tácito sobre los germanos (“Son sucios y estúpidos”), esta vez aplicado a los mayanas. “Hay más diferencias entre el hombre civilizado y el salvaje que entre un animal doméstico y uno salvaje.”Después de haberles educado y cristianizado, esperaba que a su regreso a la Tierra del Fuego, decidiesen elegir la civilización, pero sólo  uno de ellos dudó en dejar el barco, para hacerlo finalmente. Profundamente decepcionado, Darwin escribió: “No existen seres humanos inferiores a éstos en ningún lugar del planeta y su lenguaje es casi inarticulado”.
 
De haberse guiado más por la racionalidad que por la emotividad, habría entrevisto una realidad más compleja. En realidad, la lengua de los yamanas tenía una estructura más complicada que el griego clásico y un vocabulario más rico que el inglés. Vivían completamente desnudos en el  terreno continental más cercano al Polo Sur y habían logrado sobrevivir 6.000 años en uno de los entornos más inhóspitos del planeta, donde muchos otros pueblos habrían desaparecido.
 
El análisis de la dentadura de los fueguinos indica una sorprendente ausencia de stress post-traumático en el paso de la vida uterina a la post-uterina: eran felices. Sus vecinos del Norte, los alakaluf, eran muy altos y robustos y, dotados de una fuerza increíble, se dedicaban a la caza. Pero aun recubiertos de gruesas pieles, eran incapaces de habitar las gélidas regiones ocupadas por los mayanas. Estos, que  iban todo el año desnudos, sumergían 5 veces al día en el agua, que estaba a 3 grados, a los recién nacidos durante su primer mes de vida, para mejorar su capacidad de resistencia.
 
Eran miles a la llegada de Darwin, quedaban 20 en 1946. ¿Por qué se extinguió el único pueblo que consiguió vivir sin ropa en un entorno subantártico? Eran inteligentes, como lo demuestran no sólo su lenguaje sino la  proeza de sobrevivir donde otros habrían perecido (como les había ocurrido a los islandeses en Groenlandia…).¿Qué les llevó pues a la extinción?
 
Los depósitos de conchas de mejillones junto a los restos de asentamientos mayanas, hicieron pensar mucho tiempo que el marisco era la base de su alimentación, como se pensó de nuestros paleolíticos cantábricos. En realidad el marisco contiene proteínas pero no calorías, y cada mayana hubiese necesitado 17 kilos diarios de marisco para sobrevivir. Se alimentaban de leones marinos. A mediados del siglo XIX, los veleros británicos llegaron y se dedicaron acabar con las poblaciones de leones marinos: 2 millones  fueron masacrados en poco tiempo. La grasa de los leones marinos era usada como combustible para el alumbrado público de Londres. Sin comida, el hambre y las epidemias acabaron en pocos años con un pueblo que había resistido 6.000 años a uno de los entornos más hostiles de la Tierra.
 
Es difícil saber si la civilización industrial resistirá 6.000 años, lo que es seguro es que la llegada masiva de millones de africanos a Europa en pocos años está destruyendo los complejos equilibrios que hacen funcionar nuestras sociedades. Como les pasó a los mayanas, la llegada de los barcos llenos de extranjeros significa para los europeos el principio del fin. La interacción de culturas es  casi  siempre destructiva para una de las partes.
 
Los europeos hemos destruído multitud de cullturas y formas de vida, y somos tan arrogantes y estamos tan llenos de prejuicios, que creemos, como los antiguos romanos, que nuestra civilización será eterna y no podrá ser destruida por la llegada de otras formas de vida, como si la tecnología nos hubiese hecho inmortales.
De momento la interacción con otras culturas empieza a tomar un giro preocupante. Colonizados masivamente por pueblos habituados a entornos muy  distintos al nuestro, los europeos estamos empezando a asistir a la quiebra de los delicados equilibrios económicos y sociales que forman la base de nuestra civilización.
 
Las previsiones demográficas son alarmantes : Hay 160 millones de nigerianos, a finales de siglo serán 900 millones. Hay 80 millones de alemanes, a finales de siglo habrá 35 millones. Al igual que los mayanas estaban acostumbrados a un entorno gélido y hostil, los europeos actuales están adaptados a un entorno confortable y delicado, encerrados en un mundo virtual muy distinto a la realidad cotidiana de la inmensa mayoría de los habitantes del planeta.
 
Quizás la mayoría no sea consciente de hacia dónde nos dirigimos. Debería reflexionar sobre lo que algunos sabios, penetrados por la erudición y dedicados durante al estudio y la reflexión, nos legaron en sus obras. Uno de ellos fue el conde de Gobineau. Su análisis sobre el auge y caída de las civilizaciones ha recibido el apoyo del eminente antropólogo Levy-Strauss, gurú de la antropología cultural. Gobineau, hombre leído y viajado, fue embajador de Francia en Persia, Brasil y Suecia. Hace ya 160 predijo años el fin del hombre occidental y  acababa su obra cumbre advirtiéndonos con secreto horror que las manos rapaces del Destino se han posado ya sobre nosotros. Quizás tuviese razón , y finalmente a los europeos, tras haber poblado su territorio durante miles de años, desaparezcan en el lapso de pocas generaciones, mal adaptados al nuevo entorno y a los choques culturales del futuro. Finalmente, nuestra suerte quizás no sea muy diferente a la de los mayanas.
 

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