Opinión: El príncipe Felipe y la multiculturalidad.
Inmigración

Opinión. Rafael Sanz.

El príncipe Felipe y la multiculturalidad.

 Llegará un día en que la sociedad multicultural colapse. Se habrá acabado para el príncipe Felipe el tiempo de imponer medallas, como dijo el general Groener. ¿ Reaccionará Felipe como su bisabuelo Alfonso o como su tatarabuelo Guillermo ? Alfonso eligió un lujoso hotel de Roma para su exilio, Guillermo un castillo de 14 habitaciones en Holanda ¿ Nos dejará en la estacada, como sus discursos multiculturales dejan entrever



Búfalo Bill, que llegó a abatir 69 bisontes en un día y 4.862 en una sóla temporada de caza, recorría Europa con su espectáctulo, del que formaba parte el gran jefe sioux Toro Sentado (que en realidad se llamaba Tatanka Yotanka), ganador del 7º de caballería al mando del general Custer en la batalla de Little Big Horn. Toro Sentado había  exigido en su contrato 40 dólares semanales, un seguro contra accidentes mientras actuase y el 60% de todos los beneficios obtenidos de la venta de sus fotografías y autógrafos. Aparte de los indios, el plato fuerte del espectáculo era una tiradora con buena puntería que pidió un voluntario entre el público para atravesarle de un disparo el cigarillo que tuviese entre sus labios. Ante la sorpresa general, fue el joven emperador Guillermo quien subió al estrado. El gesto da la medida del personaje. Años después, cuando la guerra enfrentaba a sus países, la tiradora le envió a Guillermo un telegrama breve pero claro:”Siento no haber fallado entonces”.
 
Guillermo II,  que según el artículo 11 de la complicada constitución alemana era presidente federal, y Alfonso XIII, que estaba casado con su prima hermana, se detestaban. Cuando en 1906 se encuentran en Vigo, el fatuo Guillermo le pregunta exasperado a Alfonso: “¿Por qué siempre me tuteas, si soy mayor que tú?” “Porque fui Rey antes que tú”, respondió rápido Alfonso que, como hijo póstumo, era ya Rey desde la cuna. La visita  de Alfonso a Berlín no había sido un éxito: Guillermo le había hecho el feo de desfilar en su caballo unos metros por delante del suyo. Alfonso, que por cortesía vestía un uniforme de la Guardia Prusiana, se vió decir por Guillermo: “Nunca podrías ser coronel prusiano. Un oficial prusiano nunca llevaría una mancha en el uniforme”.”Tienes razón, respondió Alfonso, he tenido siempre como el mayor honor llevar un uniforme  español, ahora mismo voy a cambiarme”.La cena de gala no fue mejor. Se había acordado que los discursos se dijesen en francés, la lengua común, pero Guillermo dijo el suyo en alemán. Alfonso respondió con uno en cheli plagado de comentarios picantes. Los diplomáticos españoles contenían con dificultad la carcajada mientras los alemanes no se enteraban de nada. Sin embargo Guillermo sabía ser encantador con quien quería. La tía de Alfonso, la infanta Eulalia de Borbón, lo describe como alguien ingenioso y encantador. Cuenta que un día iba con él por Berlín y ante un músico ambulante cuyo violín desafinaba, Guillermo se lo arrebató y  se puso a tocar el violín con las notas correctas.
 
Pero Alfonso y Guillermo tenían paralelos sorprendentes. A ambos les encantaban la caza y las putas, aunque Guillermo prefería el rollo sadomasoquista (su puta favorita de juventud  le ataba y azotaba; Bismarck usó la correspondencia entre la puta y Guillermo para chantajearle). Alfonso era menos sofisticado: se divertía en su exilio tocándole el culo a las chicas por la calle, como aún recuerda su nuera Emanuela Dampierre.
 
Ambos enviaron telegramas de felicitación a los dictadores que ocupaban sus puestos. Cuando Guillermo envía a Hitler el telegrama por la caída de París, empleó la misma frase que su abuelo Guillermo I (tatarabuelo del actual rey de Suecia), había pronunciado en Versalles con motivo de la proclamación del Imperio alemán, sobre “esta gran victoria ofrecida por Dios”“¿No se le podía haber ocurrido algo nuevo?”, comentó lacónicamente Hitler al leerlo. Durante la guerra civil española, Alfonso XIII  enviaba un telegrama de felicitación a Franco cada vez que una ciudad caía  en manos nacionales, con la esperanza de que éste le fletase un avión de vuelta al trono.
Guillermo y Alfonso tenían la misma visión peculiar de la política. En mayo de 1939 Alfonso comenta al conde Potocky, embajador polaco en Roma, que los masones y judíos preparaban la próxima guerra para después del verano. Guillermo tenía  la misma  visión providencialista de la guerra  mundial, que extrañamente no atribuía a la agresividad alemana, sino a un oscuro complot: “El anticristo de hoy, escribe, es (como siempre desde el Gólgota) Judá, francmasonería, judería mundial y su dominio del oro. Dios les ha dado, desde la vergonzosa paz de Versalles, 20 años para reflexionar, recogerse y convertirse. Su respuesta (una orden de Satanás) ha sido la Segunda Guerra Mundial para la instauración del imperio mundial de Judá, del Anticristo”.En otra carta, eludiendo su responsabilidad en el estallido de la guerra del 14, escribe que “la guerra fue provocada por el trabajo judío y financiada y ganada por el dinero judío americano porque Alemania era un obstáculo. La judería internacional ha organizado ahora una nueva guerra de exterminio”.
 
Alfonso, al igual que Guillermo, echaban balones fuera y ambos atribuían su derrocamiento a oscuras conjuras. Según Alfonso, una delegación masónica la amenazó con derrocarle  en 2 años si no se hacía  masón. La respuesta de  Alfonso había sido según él consagrar a España al Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de los Angeles (en esa época era amante de Celia Gámez, que triunfaba en el Teatro Apolo con la zarzuela “Las Leandras”…). Pero Guillermo y Alfonso se engañaban a sí mismos. Descendientes ambos de Carlomagno, Don Pelayo, los Reyes  Católicos, no habían sabido estar a la altura de  sus antepasados y se habían dado a la fuga en momentos trascendentes para sus países.
 
En noviembre de 1918 la guerra está perdida para Alemania y ha estallado la revuelta. Los 50 comandantes que mandan en el frente son convocados por el Alto Estado Mayor. Se les pregunta si las tropas obedecerán a su Señor de la Guerra en caso de que tengan que reprimir la revuelta: 49 responden que no. Entonces el general Groener, General en Jefe del Cuartel General, propone a Guillermo algo que hubiese salvado el trono: que se diriga a primera línea para acabar la guerra al frente de sus soldados. “No se trata, esta vez, de un desfile o de imponer medallas, precisa Groener, hace falta que Su Majestad se exponga al fuego del enemigo: si el Emperador muere, no puede haber para él final  más glorioso; si resulta herido, se producirá un cambio de la opinión pública en su favor”. Guillermo responde indignado: “¿Quiere pues atentar contra los días de Su Majestad? Es un papel absurdo y melodramático”. Prefiere fugarse a Holanda , donde se produce una humillante espera de 8 horas en la el andén de una estación de frontera, mientras el gobierno de su prima la reina Guillermina decide en sesión urgente si le acoge o no. Las razones de su fuga indigna las  escribirá ese mismo día a su hijo y heredero, el Kronprinz, en una carta en la que no nombra a judíos ni a masones: “!Mi  querido niño! El mariscal de campo ya no puede garantizar MI SEGURIDAD ni la fidelidad de mis tropas”.
 
13 años después, lo de  Alfonso fue aún peor. Unas elecciones municipales dan la victoria a partidos dinásticos, que sacan 60.000 concejales, frente a los 21.000 concejales republicanos. Pero en Madrid ha ganado la izquierda y su primer ministro le dice: “He soñado con tus primos rusos”. Alfonso ordena disparar contra los republicanos congregados en la Puerta del Sol, pero el capitán que ha recibido su llamada de teléfono le contesta que por disciplina él mismo disparará a la gente, pero que sus soldados no le obedecerán. Envía pues un telegrama a los Capitanes Generales. Hace tiempo que los militares  están hartos de Alfonso: no olvidan su comentario de 1921. Los moros habían degollado a 1.500 soldados españoles en Monte Arrüí pero habían dejado con vida a los oficiales para cobrar rescate. Alfonso había comentado: ”Qué cara se ha puesto la carne de gallina”. Cuando los supervivientes del desastre de Annual desembarcaron en Tarifa, el rey se encontraba a unos kilómetros de allí, cazando con el Duque de Medinasidonia  en el Coto de Doñana, y no se dignó en ir a recibirlos. Después, con 12.000 familias españolas de luto, se marchó a Francia a participar en un campeonato internacional de polo. En abril de 1931 la respuesta de las Capitanías Generales fue unánime: ninguna le daba su apoyo. Abandonando a su familia, emprendió el camino del exilio a toda velocidad. Entre Madrid y Cartagena sólo paró una vez acuciado por urgentes necesidades fsiológicas y comentó: ”Meate fratis (a mear, hermanos)”. Desde el barco que le enviaba al exilio tuvo el detalle de enviar un telegrama irónico a los capitanes generales agradeciéndoles su lealtad. Para proteger a la reina sólo quedó el fiel amigo de ésta, el joven oficial José Antonio Primo de Rivera, oficial de Húsares de la Reina, y único Grande de España que veló toda la noche ante la puerta de la reina. Con un sentido más acusado del deber que Alfonso, su marido,  o Guillermo, su primo, acudiría junto a su hermana Pilar y su hermano Fernando a despedirla a la estación de Galapagar y no dudaría en enfrentarse a la muerte en los momentos de peligro 5 años después. La mujer de Guillermo no tuvo la misma suerte, y quedó abandonada en un palacio rodeado por una multitud hostil.
 
Lo que ni Alfonso ni Guillermo podían sospechar es  que el nieto de Alfonso casaría con la bisnieta de Guillermo y el fruto de su unión sería el flamante príncipe Felipe, llamado a reinar un día en España. De momento, como príncipe heredero se dedica a visitar barrios con fuerte presencia de inmigrantes y alabar la convivencia multicultural. Es fácil hablar de lo bonita que es la multiculturalidad cuando se vive en un palacio que ha costado a los que sufren la multiculturalidad y los impuestos, la friolera de 1.000 millones de las antiguas pesetas. A su palacete del Monte del Pardo, donde su ancestro  Felipe II abatió 2 osos (uno a lanzazos, otro con arcabuz), aún no llega el eco de las fiestas de dominicanos y ecuatorianos que desvela a sus sufridos súbditos. Protegido por su escolta, nunca se sentirá en peligro, como ahora empiezan a sentirse sus futuros súbditos. A su hija nunca le denegarán una plaza escolar por no tener la prioridad que se le concede a los niños ecuatorianos y colombianos. Tampoco tendrá que sufrir la discriminación que en hospitales y residencias de la tercera edad sufren sus súbditos frente a los inmigrantes. Nunca le será denegada una vivienda social por tener menos puntos que una familia ecuatoriana. Si  tuviese que residir a unos metros de la Plaza de España, donde su antepasada Isabel la Católica abatió un oso, quizás fuese menos entusiasta del multiculturalismo y más consciente del cabreo de los españoles.
 
El mundo virtual en que vive, teñido de egoísmo, le impide la empatía con la gente de la calle. Ya otro heredero, el tío abuelo de su madre, el Kronprinz, se hizo contruir un palacio en Berlín en plena guerra. El dispendioso palacio de Cecilienhoff se acabó de construir en 1917, cuando la población alemana estaba a punto de llegar al millón de muertos de hambre.
 
Llegará un día en que la  sociedad multicultural colapse. Puede ser dentro de 10 años, puede ser dentro de 30, pero es seguro que el día llegará. Al igual que en la física cuántica, hay varios futuros posibles. Importando millones de latinoamericanos, hemos importado también su modelo social y algún día tendremos la inestabilidad social y política propia de cualquier país latinoamericano. De momento la mitad de la tropa es de origen extranjero. Dentro de 20 o 30 años también lo serán los oficiales. Podría haber un peligro de intervención militar en caso de crisis (siguiendo el ejemplo de  Chávez) como ocurre en Latinoamérica. Eso sin pensar en la posible aparición de un movimiento ”latinista” como ocurre ahora entre los latinos en Estados Unidos y su movimiento ”La Raza”, reivindicativo y agresivo, que podría contar con simpatías en el ejército. Felipe mandará un ejército bien distinto y menos fiable que el que heredó su padre.
 
Otro posible  escenario es también de pesadilla. De momento tenemos 1 millón de musulmanes en España. Se calcula que dentro de 10 años serán la mitad de la población en Cataluña y prefiero no saber cuántos serán en el resto de España. Si en Marruecos un gobierno islámico o simplemente nacionalista iniciase una nueva Marcha Verde que no se detuviese en Ceuta y Melilla pero tratase de recuperar Andalucía para el Islam, (los musulmanes de todo el mundo aún llevan una cinta negra en su turbante como luto por la pérdida de  Al-Andalus), alguien tendría que plantearse que la multiculturalidad no funciona con gente en cuyo país de origen el 50% de la población aprobó los atentados del 11-M. Incluso sin invasión militar, en cuanto sean mayoría deomgráfica, los musulmanes destinarán a los no musulmanes el status inferior que tienen en tierra de Islam.
 
Otro escenario alternativo, quizá el más probable y a la vez el más catastrófico, será el cataclismo social provocado por el desembarco simultáneo de unos miles de subsaharianos. En cualquiera de estos futuros posibles y probables (o la conjunción de los tres en un escenario de pesadilla), se habrá acabado para el príncipe Felipe el tiempo de imponer medallas, como dijo el general Groener. ¿ Reaccionará Felipe como su bisabuelo Alfonso o como su tatarabuelo Guillermo ? Alfonso eligió un lujoso hotel de Roma para su exilio, Guillermo un castillo de 14 habitaciones en Holanda, mientras sus países se hundían en el caos. Esperemos Felipe esté libre del atavismo genético, pero me temo lo peor. Es posible que ni siquiera imagine las decisiones que algún día, como jefe del ejército y de la nación, deba tomar. ¿ Nos dejará en la estacada, como sus discursos multiculturales dejan entrever ?
 
Algún día también a él le llegará el momento de la verdad y es entonces cuando deberá tener presente lo que el almirante Nelson dijo a sus soldados antes de la batalla de Trafalgar. Nelson había perdido un perdido un ojo mientras luchaba en Córcega y su brazo derecho en Tenerife. Aquel día antes del combate, dijo aquello de ”Inglaterra espera de cada uno de vosotros que cumpla con su deber”. Muerto en combate, fue llevado a Inglaterra en una barrica de ron para que su cuerpo no se deteriorase, pero sus palabras resuenan aún a través de los siglos. Los hombres grandes no lo son por sus títulos ni por su nacimiento, sino por sus hechos. Son ellos los que como Nelson  o el general Groener, suelen decir las verdades del barquero.
 

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