Opinión: Los idiotas, las ranas y el hiyab
Islam
Los idiotas, las ranas y el hiyab
Manuel Leal
 
Los idiotas son legión. Esto es una verdad incontestable. La reitera en más de veinte ocasiones Tomás de Aquino, probablemente influido por el proverbio latino: 'stultorum infinitus est numerus”. Una sentencia que incluso Einstein actualizaría siglos después: “Sólo dos cosas son infinitas: el universo y la estupidez humana y no estoy seguro de lo primero”.


Lo que esconde el hiyab
 
El caso de Najwa Malha, musulmana de 17 años a la que no le han permitido la asistencia al instituto atrincherada tras su hiyab, ha reabierto el debate. Cuentan unos que este paño tiene su origen en el mismo Mahoma, que lo impuso por vez primera a sus esposas, alguna de ellas de tan solo seis años, molesto al ver como coqueteaban más de la cuenta con los visitantes de sus palacios. En su libro “El harén político”, la marroquí Fátima Mernissi explica como en la comunidad de Medina las mujeres que salían de sus casas por las noches eran objeto de acoso sexual. En ese contexto Alá dictó de forma literal a Mahoma - así parece ser que hizo en cada tilde del Corán - el versículo 59 que impone el uso del pañuelo como una respuesta a la agresión sexual de los devotos, que no podían controlar sus impulsos ante la visión turbadora de una oreja o el cabello femenino. Los códigos de familia elaborados a partir del siglo IX terminaron por establecer su obligatoriedad como prenda que hace manifiesta “la modestia y sumisión al hombre de la mujer”.
 
Al margen de su origen, la actual profusión de su uso es un hecho relativamente reciente. Cuentan que hace 40 años casi ninguna mujer usaba el hiyab en El Cairo, la mayor urbe musulmana del planeta. Antes de la llegada de Jomeini al poder era considerado en Irán como una costumbre pueblerina. Hoy es un símbolo religioso de uso obligatorio. La realidad es que el hiyab concebido en el pasado sencillamente como un yugo machista hoy es un arma pesada en la política expansionista musulmana, empleada para tomar distancia en público de los “pervertidos occidentales”.
 
 
Estúpidos, imbéciles e insipientes entre otros
 
Santo Tomás de Aquino derrotó a los filósofos islámicos averroístas que en el siglo XIII amenazaban la integridad y supremacía de la doctrina católica, apostólica y romana. Entre sus muchos estudios encontramos un tratado sobre la estulticia, que contiene una detallada tipología de tontos de los que enumera causas, efectos y remedios. Al igual que el resto de su obra, tienen hoy por su carácter intemporal plena vigencia.
 
El filósofo enuncia como una primera característica de las diversas formas de tontería la parálisis. Ocurre así en el “stupidus”; recibe este nombre de la inmovilización que sobreviene por estupor. Recientemente hemos podido ver como Esperanza Aguirre, la muy católica presidenta de la CAM, perdía su piadosa compostura al declarar igual de improcedente en el instituto de  Najwa, tanto el hiyab como el tocado de una monja. Probablemente paralizada ante la posibilidad de perder con sus declaraciones algún sufragio. En esta ocasión su excusa para ejercer el tancredismo político fue la pretendida defensa de la libertad del claustro del colegio.
 
Acompañando al estúpido encontramos al “imbecillis”. Aquel que según el santo acusa flaqueza en general, ya sea moral, de ánimo o de fe. Hemos asistido a las declaraciones de obispos católicos que se han mostrado “rotundamente a favor” del uso del hiyab en las escuelas. El del portavoz del episcopado Juan Antonio Martínez Camino ha declarado, en una reflexión que no pasará a la historia por su excelencia intelectual, que los símbolos religiosos no  deben estar reservados “al ámbito de cada uno en su casita”. Para este cura, el uso del mal llamado velo está amparado por la Constitución.
 
Tomás distingue también al insipiente. Una característica del insipiente es creer que todos tienen su condición. Así hemos escuchado estos días las voces del Ministro de Educación Ángel Gabilondo, mostrándose partidario de que la joven continuara asistiendo a clase, “porque debe prevalecer el derecho de educarse de la alumna frente a otras consideraciones”. Para el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, Arturo Canalda, “el colegio debería valorar la situación desde el punto de vista humano”. Según María Teresa Fernández de la Vega, “el principio debe ser respetar usos y costumbres, máximo cuando el uso de símbolos religiosos – que según su opinión - no supone un problema en nuestro país”. “En Francia – continua la vicepresidenta - donde el uso del velo está prohibido, no está dando buenos resultados para la convivencia”.
 
 
El deber cristiano de las limosnas espirituales
 
El remedio para la tontería, cuando lo hay, es también propuesto por Tomás que se inspira como referencia en las obras de misericordia. Entre ellas cabe destacar para esta ocasión dos de las siete 'limosnas espirituales'. Una de ellas aconseja al creyente la clemencia de enseñar al que no sabe o “docere ignorantem'.
 
Así a los tontos en general, es nuestro deber cristiano explicarles que ante el musulmán existen dos fuentes de problemas fundamentales. El primero es el modelo social del Islam. Para los creyentes el Corán es una transcripción de las palabras exactas reveladas por Dios. No es un libro para meditar, sino para recitar. No deja posibilidad a profesar interpretaciones diversas del texto, que dicta fórmulas de conducta muy concretas en lo económico, político y legislativo, traspasando los límites de lo religioso e instalándose de lleno en el ámbito civil. Donde la práctica islámica encuentra su aplicación dos grupos son hostigados sistemáticamente; mujeres y no-musulmanes. Este comportamiento cobra mayor desarrollo en función del vigor de la comunidad musulmana de referencia. El segundo problema es el de la seguridad ciudadana, debido a la alta delincuencia común y conflictividad de los individuos que forman estos colectivos.
 
A los imbéciles y al clero timorato, afligidos por la flaqueza moral, habremos de recomendarles la lectura de los informes de sus hermanos pertenecientes a la poco sospechosa ACI, Agencia Católica de Informaciones. Estos documentos denuncian como en países islámicos el proselitismo está castigado y abundan prohibiciones como la posesión de libros religiosos no islámicos o la restricción del derecho de reunión. Existen policías religiosas y de la moralidad. La Cruz Roja en operaciones de socorro ha de borrar el símbolo de la cruz. No hay iglesias en toda Arabia Saudí - donde hay más de medio millón de cristianos -  y no está permitido construirlas. Sólo se puede celebrar la misa dentro de las embajadas y los católicos no pueden rezar en grupos ni siquiera en sus propias casas. Existen leyes que condenan a muerte a los conversos al cristianismo en Arabia Saudí, Irán, Sudán, Mauritania y Yemen.
 
Es precisamente en Arabia Saudí, Irán y Siria, donde encuentra su epicentro el islamismo. Desde allí se ha extendido en los últimos años a Irak, Afganistán y Pakistán en Medio Oriente. A Indonesia y Malasia en el sudeste asiático. A Sudán, Argelia, Nigeria, Uganda, Senegal, Eritrea, Guinea y el cuerno de África - Somalia, Etiopía y Kenia - en el continente negro. Está echando raíces en las antiguas repúblicas soviéticas como Turkmenistán y Uzbekistán y Bangladesh. Incluso naciones como Palestina, Egipto, Turquía o Marruecos, en tiempos próximas al mundo occidental y tradicionalmente moderadas, hoy son dominadas por los imanes.
 
A los estultos, Gabilondos, Canaldas y de la Vegas, los que según Tomás no comprenden la conexión entre medios y fines, mal no puede hacerles el repaso a la historia reciente de nuestros vecinos franceses. Hace tiempo que el Gobierno galo señaló un hecho alarmante y muy difícilmente reversible: las comunidades emigrantes en Francia y muy en especial la islámica han constituido en buena parte territorios sustraídos al imperio de la legalidad republicana. Son enclaves musulmanes normalmente ubicados en la periferia urbana, donde la policía reconoce su incapacidad de actuar y no existe más control real que el de las autoridades islámicas. Donde impera la sharía y la igualdad de las mujeres se ha extinguido.
 
El panorama descrito por el informe es desolador: violencia urbana, dificultad para mantener una presencia francesa de origen que se repliega frente al  superdesarrollo de las familias extracomunitarias, presencia de un tejido asociativo propio, endogámico y excluyente, multiplicación de los lugares de culto y escuelas coránicas donde no se habla francés y fuerte presión social para imponer el uso de costumbres o prendas religiosas ¿Les suena?
 
A los idiotas, aquellos que según el santo resultan “tontos por no cultivados”, habremos de ilustrarles recordándoles que el expansionismo islámico en nuestro continente viene de lejos. El año 711 los musulmanes capturaron la Península Ibérica. La reconquista duró 7 siglos y culminó cuando los Reyes Católicos retomaron Granada en enero de 1492. En el siglo XVI el sultán turco Suleimán el Magnífico conquistó Belgrado, Hungría, Transilvania, y Moldavia. Llegó hasta Viena en 1529, pero finalmente fue rechazado.
 
El tercer intento ha comenzado hace poco más de treinta años y su novedad consiste en el método empleado. En 1974 el presidente de Argelia, Mohammed Bujarruba Bumedián, musulmán moderado, amenazó oficialmente a Europa ante la Asamblea General de las Naciones Unidas reunida en Nueva York. “Un día millones de hombres abandonarán el hemisferio sur para irrumpir en el hemisferio norte”, anunció Mohamed. “Y no lo harán precisamente como amigos, porque irrumpirán para conquistarlo. Y lo conquistarán poblándolo con sus hijos. Será el vientre de nuestras mujeres el que nos dé la victoria”.
 
 
Colaboradores necesarios
 
La segunda de las limosnas espirituales citadas, entiende como virtud del cristiano dar buen consejo al que lo ha menester, que se expresa en forma latina como 'consulere dubitanti'. Es por tanto deber de caridad advertir al que comete errores.
 
Se equivoca el que cree en la posibilidad de convivencia o en la existencia de un Islam moderado. Desde que Juan de Segovia, en el siglo XV propusiera una vía de acercamiento pacífico al Islam - De mittendo gladio Divini Spiritus incorda sarracenorum - han transcurrido muchos siglos sin resultado alguno. Gobiernos, partidos políticos e iglesia romana con el Santo Padre a la cabeza, se han prodigado en gestos innecesarios y excesivos, en  aras de una mejora de las relaciones. El resultado está a la vista, más islam y más radical.
 
Se equivoca el que defiende el derecho a la proliferación de mezquitas en nombre de la libertad religiosa. La mezquita no solo es lugar de oración. Es el lugar donde se imponen las consignas sociales y políticas. El mundo musulmán no distingue entre vida social, religiosa o política. Las directrices recibidas transcienden del ámbito de la fe. En la historia musulmana todos los levantamientos políticos o económicos, partieron de los minaretes.
 
Se equivoca el que cree que la tolerancia suavizará el mensaje islámico. Encontramos en Alcalá de Henares el último caso ejemplar del efecto de la pasividad occidental sobre el carácter islámico. Abu Omar Hussein es el líder musulmán que dirige la comunidad local. Abú no duda en tildar de 'crimen' la prohibición del uso del pañuelo en el instituto. Abu señala: “¿Qué molestia causa? No queremos volver a la Edad Media, hay democracia, tenemos una mente abierta...”
 
Sin embargo enseña en la khutbah del viernes que la lapidación es 'una ley de Dios'. Consultado sobre los latigazos y las lapidaciones responde: “Si tengo fe en Dios no puedo decir que es cruel”. “Si cortamos la mano sólo a uno servirá para prevenir que el resto robe. Si lapidamos a una persona entonces la gente se cuidará. Pero ahora en Europa están las playas nudistas...”.
 
Declaraciones como esta, hacen que se nos antoje por obvio, que no es en el Islam en donde reside el mayor peligro. Cuenta un relato popular africano que en las orillas del río Níger vivía una rana muy generosa. En época de lluvias ayudaba a todos los animales. Un día llegó un escorpión que aprovechando la disposición del anfibio le suplicó: “llévame a la otra orilla sobre tu espalda”. “No te picaré – argumentó - tú te hundirías en las aguas y yo que no sé nadar perecería ahogado”. La rana lo cargó y comenzaron la travesía. Poco a poco, ésta fue perdiendo el miedo a aquel animal que llevaba sobre su espalda. Llegados a la mitad del río el escorpión picó a la rana. Mientras ambos se ahogaban preguntó al escorpión: “Lo sabía, pero... ¿Por qué lo has hecho?”. El escorpión respondió: “No puedo evitarlo. Es mi naturaleza”.
 
El Islam trae consigo no solo el fin de las libertades y la ruina moral, si no la ruina económica y en muchos casos sencillamente la guerra… es su naturaleza. Como una contemporánea peste, avanza arrastrando en su camino a comunidades que bien pudieran ser prósperas, a una segunda y oscura Edad Media. Sus envites ya fueron impedidos antaño, cuando nuestras capacidades intelectuales e industriales eran algo más parejas. El actualmente subdesarrollado mundo islámico, no habría de ser problema para Europa si no fuese por la legión de ranas mortecinas e imbéciles patrios, que bajo miedos e intereses diversos, colaboran por acción u omisión en esta tercera campaña.
 
Desde la orilla occidental, nos vemos obligados una vez más a contener la agresión del escorpión llegado y por llegar, antes de que no pueda o no quiera contener por más tiempo su verdadera naturaleza. Y para ello debemos arrinconar en primer término, a esa pléyade de idiotas y colaboradores necesarios sin los cuales no sería posible su nueva travesía.
 

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