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Seguridad Ciudadana

Radiografía de la degradación de Madrid

 ¿Hemos perdido irremediablemente el centro de Madrid?

Las alarmas sobre la violencia y los áltos índices de delincuencia en el distrito centro de Madrid no volvieron a saltar el martes porque parecen activadas casi de contínuo. En todo caso, el apuñalamiento en el que resultaron heridos cuatro policías, uno de ellos de gravedad, define bien a las claras que ya nadie está a salvo de una posible agresión. De los seis asesinatos registrados en el distrito centro en lo que va de año, dos de los más espectaculares han tenido lugar también en los aledaños de la Gran vía, una arteria espectacular proyectada hace 102 años y que, como todo lo opulento, tiene su trasfondo de miserias más o menos visibles.



Se trató del asesinato a puñaladas de una joven prostituta el 23 de junio en la plaza de Luna y el intento de robo frustrado que recientemente dejo el cuerpo de un joyero cosido a balazos en la calle Isabel la Católica. Violencia ciega Dos casos que conmocionaron a la opinión pública por su violencia extrema igual que el del martes impacta por su puro absurdo, ya que el detenido por la agresión no era al parecer un delincuente, sino un hombre que trabajaba de barrendero.
 
Y es que en Gran Vía, por suerte o por desgracia, hay, como define un vecino, «todo lo bueno y de lo malo, lo que quieras». «Yo alucino», comenta J. un madrileño que vive en el barrio del pilar pero frecuenta la zona. «El otro día estaba aquí al lado haciendo la cola del autobús a las doce y media de la mañana y de repente aparece un tipo, le da un puñetazo brutal a una mujer y se lleva el bolso corriendo a toda velocidad». Para el se trata de algo inaudito, aunque como muchos otros, no es capaz de decir porqué esas cosas están empezando a suceder.
 
 «En mi barrio puede haber peleas y lo que quieras, pero no se asalta a una mujer mayor, de sesenta años, de esa manera y para robarle una miseria». Y ese es uno de los problemas de la violencia en la zona, que pese a que los datos indican que ha descendido, los hechos puros y duros afirman que lo gratuito de su violencia ha aumentado de manera exponencial.
 
Es lo que desde el Ayuntamiento se denomina «violencia subjetiva». Un tipo de ejecución de los delitos que crea una inseguridad extra en el ciudadano. «Yo, como comprenderás, dice J, «prefiero que me atraquen tres veces tranquilamente a que sea una pero el tipo lleve una pistola».
 
Según la Policía, los robos han bajado en la zona un 10%, sobre todo los cometidos contra turistas, que descienden un 30%. Mejora Desde la asociación de vecinos del barrio de Universidad, una de las más combativas, y que se encargó de llamar la atención sobre la degradación de la plaza de luna tras el asesinato de junio se reconoce que ha habido colaboración de Gobierno y Ayuntamiento y que la Plaza es ahora más segura, pero que la delincuencia de poca monta que la poblaba se ha desplazado hacia las cercanas calles de Corredera Baja y Pez, con lo cual el problema se difumina, pero permanece.
 
«Hacen falta soluciones integrales», afirman. De hecho se trata de un problema «rotatorio», por llamarlo así, una población flotante de mendigos, putas, chulos y camellos que no se destruye, solo se transforma, muda de lugar y pocos metros más allá continúa su actividad.
 
Por supuesto hay excepciones a esta práctica. Calles como Ballesta y de manera más espectacular, Montera, llevan décadas igual, impertérritas en su ir y venir de meretrices y delincuentes, haga lo que haga el Ayuntamiento. En esta última, en concreto, es donde tuvo lugar el problema del martes, y en toda su extensión reina una «ley del silencio» casi total.
 
El camarero de un local situado exactamente donde tuvo lugar el violento altercado se limita a sonreir ante cualquier pregunta: «no vi nada, estaba trabajando». Una buena explicación si no fuese porque estaba trabajando a tres metros del lugar donde un policía municipal cayó herido grave en acto de servicio. En los demás locales se repite la misma cantinela. Las prostitutas de la zona, siempre «acaban de llegar», por mucho que lleven todo el día en su «puesto de trabajo». «La gente no quiere meterse en problemas».
 
 Fuentes municipales aseguran que sus policías «no pueden hacerlo todo solos», en clara alusión a la Policía nacional. Fuentes de la Concejalía de seguridad afirman que el apoyo de los nacionales «no es suficiente» y que no se debería limitar a operaciones concretas sino afectar «al día a día». Reclaman más efectivos. Algunos vecinos de la zona, sin embargo, no están muy de acuerdo.
 
«No es normal que pases un día por la plaza del Dos de Mayo, que ahora está bastante tranquila, y haya hasta ocho coches de policía, para que después se carguen a una persona a pocos metros de una comisaría y allí no haya nadie», afirma un comerciante.
 
 En otros lugares cercanos a Gran Vía, sin embargo, como sucede en Ópera, las asociaciones de vecinos confirman que el delito se mantiene estable y controlado desde hace muchos años. Acertadamente o no, cada noche patrullan el distrito cincuenta policías nacionales de la comisaría Centro, a la sazón, la más nutrida de Madrid, con más de 500 agentes. La media de detenciones por noche ronda las treinta y sólo en verano se requisaron más de 100 armas prohibidas en el distrito. Un esfuerzo necesario para que la espina dorsal de Madrid no termine siendo como la pintaban hace unos años los Golpes Bajos: «Madrid Salvaje, Madrid la nuit/Si quieres la jungla la tienes aquí».
 

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