Artículos: París aprueba una ley de inmigración que premia la entrada de personal cualifica
Puerta de Europa

París aprueba una ley de inmigración que premia la entrada de personal cualificado.

Los trabajadores extranjeros deberán hablar francés y respetar la igualdad entre hombre y mujer.



Francia ha decidido poner el listón muy alto a los inmigrantes que quieran entrar en su territorio. Los beneficiados serán los candidatos «altamente cualificados», como científicos e informáticos, los mejores estudiantes de terceros países y todos aquéllos susceptibles de «contribuir al dinamismo económico del país». El nuevo proyecto de ley sobre inmigración, elaborado por el ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, y aprobado ayer por el Gobierno galo en un consejo interministerial, regulará cuantitativamente, por primera vez en la historia de Francia, el número de inmigrantes que podrá acceder a un permiso de residencia o a un visado. El número variará anualmente, en función de las necesidades del mercado de trabajo, por lo que se harán públicos los ámbitos laborales con escasez de mano de obra.

   «Nuestro objetivo es dar a Francia los medios para controlar su inmigración, a fin de que ésta se convierta en una verdadera ventaja para nuestro país», afirmó el primer ministro, Dominique de Villepin. Una frase de la que puede deducirse que el Ejecutivo considera la alta inmigración poco cualificada que recibe Francia, como una rémora. Los primeros sectores que se beneficiarán de la llegada de trabajadores serán, según el Ejecutivo, «el mantenimiento industrial, la mecánica, la hostelería y la restauración, los trabajos públicos y la enfermería». En Francia, sólo un 5 por ciento de los inmigrantes llega por una necesidad concreta del mercado de trabajo. Una tasa que el Gobierno quiere aumentar a toda costa. «Las élites de los países en desarrollo se dirigen hacia EE UU y Canadá, mientras Europa recibe inmigración poco preparada», dice Sarkozy.

   «Talentos y capacidades». Otra de las novedades será la nueva tarjeta de residencia para inmigrantes «de primera clase», llamada «talentos y capacidades». Tendrá una validez de tres años y está destinada a facilitar la llegada de los mejores estudiantes y especialistas de terceros países. Ante las protestas por lo que algunos han denominado «trata de cerebros», el Ejecutivo aseguró que estas personas «tendrán la obligación de volver a sus lugares de origen para dar a su país el beneficio de su formación».

   Este proyecto supone la culminación del eslogan esgrimido por Sarkozy, y del que se ha apropiado Villepin: «Inmigración elegida, pero no sufrida». Que, traducido, supone una lucha sin cuartel contra la inmigración clandestina, el endurecimiento del acceso a la residencia por los métodos habituales del reagrupamiento familiar o los «matrimonios blancos» y la puesta en marcha de un contrato de integración. En este documento, el recién llegado se compromete a hablar francés, respetar las leyes galas y, sobre todo, la igualdad entre el hombre y la mujer. La ruptura de este contrato supondrá su expulsión del país.

   El país ha tomado consciencia, con los disturbios de noviembre y los incendios en edificios insalubres habitados por inmigrantes que se produjeron el pasado año, de las difíciles condiciones de vida de una parte de la población extranjera que ya reside en Francia. Por ello, el Gobierno tendrá en cuenta, como criterio complementario para la aceptación de nuevos inmigrantes, la capacidad de acogida en términos de alojamientos sociales y plazas educativas.
 

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