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Seguridad Ciudadana

España no castiga el tráfico de documentos falsos pese a que se confiscan diez mil al año.

La Policía no oculta su preocupación por los miles de papeles fraudulentos que circulan sin control por nuestro país y que crecen cada año.

Sólo en 2005 los agentes de la Comisaría General de Extranjería y Documentación interceptaron 9.172 documentos falsos, la mayoría pasaportes y permisos de residencia, también visados y permisos de trabajo. En España sólo se castiga la falsificación de documentos -el que los fabrica- y la utilización -si perjudicas a un tercero-, pero no el tráfico, de forma que los agentes pueden interceptar un paquete de pasaportes falsos y al correo que los vende y éste queda impune si no se le puede vincular al proceso de clonación o a que haya hecho uso de esos papeles. En la práctica ningún falsificador suele ingresar en la cárcel a no ser que haya cometido otros delitos (la pena máxima son dos años).



En Canadá, por ejemplo, el tráfico está castigado con cinco años de prisión y Europol también lo considera un delito grave que se ha de combatir.

La de España es una laguna legislativa muy peligrosa contra la que braman los agentes para que no salga «gratis» el delito: «Sabemos que esos documentos falsos los puede utilizar un terrorista -como ha ocurrido en tantísimas ocasiones- o un delincuente, que podría ser un chorizo de poca monta o el capo de una red de crimen organizado, porque sobre todo el segundo no va por el mundo con su nombre y apellido puestos en su pasaporte», explica un responsable de la Comisaría General de Extranjería.

Ni siquiera lo que ocurrió el 11-M ha influido para que alguien se preocupe de llenar el vacío legislativo, algo que por otra parte ya se había demandado a los últimos gobiernos por las Fuerzas de Seguridad. Y eso que buena parte de los islamistas detenidos utilizaban documentos fraudulentos de los que viajan en paquetes por todo el mundo. Con ellos entraron en España y con ellos se movían sin cortapisas. El año pasado la Policía desmanteló 43 redes de falsificadores y detuvo a 198 personas. Colombianos, nigerianos, peruanos y chinos -estos son los mejores especialistas- están a la cabeza del suculento «negocio», que deja unos gigantescos beneficios económicos.

La última operación

Los pasaportes españoles ficticios se fabrican casi todos fuera, según fuentes policiales, muchos en países asiáticos con Tailandia a la cabeza. La última operación, de la que dio cuenta ayer la Dirección General de la Policía, tampoco escapa a este patrón. Un bosnio, Mohamed M. fue detenido en Bangkok con una maleta repleta de pasaportes, sellos y cartas de identidad que no eran reales. Más de 150 documentos de varias nacionalidades, cuyo destino era Londres y que le habrían reportado a la organización para la que trabaja el bosnio unos beneficios de más de 120.000 euros (unos mil euros por cada papel de identidad).

El arresto de este individuo fue posible gracias a la información aportada por los agentes de Extranjería y Documentación españoles. Llevaban meses tras la pista de la red de productores y traficantes a la que pertenece el bosnio y gracias a ese seguimiento descubrieron un envío inminente de pasaportes españoles a Londres. Además había documentos de identidad portugueses y belgas, así como cartas de identidad.

Toda la documentación está completamente falsificada. La española corresponde a una conocida serie falsa «made in Tailandia» (K876) que ya ha sido detectada por los agentes en numerosas ocasiones. La red investigada es una de las que ofrece mercancía «de calidad» y esa calidad se paga. El precio de un buen documento íntegramente fraudulento puede llegar a los 6.000 euros, aunque el «mercado negro» ofrece rebajas. Los de la UE son los más cotizados.

Las organizaciones obtienen los papeles originales en España recurriendo a delincuentes: ladrones que roban a los legítimos titulares, normalmente turistas; toxicómanos que venden sus pasaportes varias veces -hay casos de españoles que se han renovado siete veces su documento en un año alegando pérdida o robo- o sustracciones de documentos en blanco en consulados y Embajadas.

El mes pasado cuando fue detenido el criminal de guerra croata Ante Gotovina en Tenerife los agentes comprobaron que portaba un pasaporte a nombre de otro individuo de la misma nacionalidad. Procedía de un consulado de su país y existe la convicción de que se lo facilitó la Policía de ese país para facilitar su huida.

Hace unos años los falsificadores de papeles eran vistos con comprensión. Hoy es un negocio vinculado al blanqueo, al crimen organizado, al terrorismo y a la inmigración ilegal. De ahí, que se reclame que no sea un delito «gratis».

C. MORCILLO / P. MUÑOZ

 

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