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Economía

Tres de cada diez alumnos españoles abandonan la escuela sin estudios mínimos

A pesar de los cambios del sistema, del incremento de la financiación y del cambio de leyes, la educación española no ha conseguido un nivel adecuado en rendimientos escolares. Y no es de extrañar cuando una cuarta parte de los estudiantes que llegan al final de su educación obligatoria no obtienen el título de graduado en Secundaria. Una cifra que ha ido en aumento en estos dos últimos años y que se sitúa en el 28 por ciento y que llega a alcanzar el 34 en algunas comunidades autónomas.




 A pesar de los cambios del sistema, del incremento de la financiación y del cambio de leyes, la educación española no ha conseguido un nivel adecuado en rendimientos escolares. Y no es de extrañar cuando una cuarta parte de los estudiantes que llegan al final de su educación obligatoria no obtienen el título de graduado en Secundaria. Una cifra que ha ido en aumento en estos dos últimos años y que se sitúa en el 28 por ciento y que llega a alcanzar el 34 en algunas comunidades autónomas. Esta es una de las conclusiones del informe elaborado por la Fundación «la Caixa» que analiza los sistemas educativos europeos y que define como «preocupante» el hecho de que casi tres de cada diez escolares no alcance el nivel mínimo que se exige en una educación básica.

Pero para más inri, el número de alumnos que consigue acabar con título los estudios postobligatorios también es muy bajo: un 15 por ciento menos que la media de los países europeos. Así, desde 1996 la tasa de escolarización a los 17 años ha descendido de manera leve, pero constante, y el nivel de abandono de los estudios postobligatorios es el más alto de Europa, a excepción de Malta y Portugal.

Un dato que coloca a España en una mala perspectiva de futuro en cuanto a la formación de sus ciudadanos y que nos sitúa muy lejos de conseguir, prácticamente, ninguno de los objetivos educativos fijados en Lisboa para 2010. La OCDE ya lo ha venido advirtiendo en algunos informes en los que ha puesto de relieve la deficiente calidad de la escolaridad obligatoria en nuestro país. Por tanto, considera que el objetivo principal de las reformas legislativas debe ser remediar los malos resultados que se observan en Secundaria. Pero además, mientras que en la mayoría de los países europeos entre un 50 y un 75 por ciento de las personas de entre 25 y 65 años tienen estudios secundarios, en España la cifra no alcanza el 40, si bien es cierto que en la franja de 20-35 años los porcentajes se aproximan más a la media europea.

Una escuela de mínimos

A la nada halagüeña situación anterior hay que sumar otra. A la vista de los resultados obtenidos en las evaluaciones de rendimiento escolar, «se ha alcanzado una escuela de mínimos para el conjunto de la población, y estamos todavía muy lejos de alcanzar una escuela de óptimos».

Los estudios internacionales, como Pisa, vienen avalando lo anterior. En matemáticas un 70 por ciento de los jóvenes españoles de 15 años (cuatro de cada diez) tienen resultados muy bajos. Además, lo que sí diferencia a España es el escaso porcentaje de estudiantes con resultados buenos o excelentes: un 8 por ciento frente al 14 de la media de la OCDE. Unos resultados muy alejados de países como Bélgica, Holanda, Finlandia o Austria.

En relación a la competencia lectora el resultado es más o menos similar, de tal manera que los autores del informe llegan a la conclusión de que «el 56 por ciento del alumnado no alcanzaría los objetivos de lectura previstos para la ESO y se quedaría en estándares de lectura homologables a lo esperado para la educación Primaria, mientras que el 21 por ciento contaría con unas habilidades de lectura tan precarias que no podría servirse de ellas, con el consiguiente riesgo de exclusión social».

My name is....

Lamentable es también el dominio que los estudiantes españoles tienen de la lengua inglesa al final de la Secundaria: ocupan el penúltimo lugar en comprensión oral, lectora y producción escrita y el sexto en competencia lingüística. Una situación que encuentra también su explicación, según señala el informe, en el bajo conocimiento de inglés de los padres y pocos imputs en los medios de comunicación y en el cine, que generalmente se dobla, a diferencia de otros países. Por tanto -señala el informe- el sistema escolar, por sí solo, no es capaz de obtener los resultados que permiten garantizar que la mayoría de los escolares españoles, que han asistido al final de la ESO a clases de lengua inglesa durante ocho años, sean capaces de desenvolverse con soltura en este idioma.

Y mientras por un lado se habla de objetivos europeos, por otro cabe destacar que en un estudio sobre los conocimientos y expectativas de los alumnos de cuarto de ESO respecto a la realidad europea, sólo un 59 por ciento de los estudiantes españoles tienen un conocimiento básico sobre Europa en sus aspectos históricos, culturales y geográficos. Y de estos, la inmensa mayoría no obtiene resultados en las pruebas ni notables (13 por ciento) ni excelentes (0,2 por ciento).

No obstante, y a pesar de que en muchos países los niveles de fracaso escolar no sean tan alarmantes, en todos los se buscan soluciones para superar el fracaso escolar en la etapa Secundaria, pero solamente algunos países como Finlandia parecen haber superado este problema.

De todo lo anterior, y conforme señala el informe -dirigido por Joaquín Prats y Francesc Raventós y elaborado junto a profesores expertos de otros cinco países- se infiere que los esfuerzos financieros no han tenido una correlación en los resultados escolares. En este sentido, se señala que el crecimiento del sistema español no habría sido posible sin un fuerte incremento de la inversión educativa. No obstante, precisa que el gasto educativo privado también ha sido importante y se sitúa entre uno de los más altos de la Unión Europea debido todavía a la «insuficiente participación del sector público en la financiación de los costes educativos indirectos (libros de texto, materiales, actividades escolares...) y muy especialmente por el incumplimiento de la gratuidad total de la docencia básica en los centros privados concertados.

Además del fracaso, la inmigración y la conflictividad en las aulas son otros puntos que preocupan a todos los países. Asimismo, se señala que se debe prestar más atención a la mejora de la formación profesional y a la formación permanente para afrontar el problema de las cualificaciones profesionales y favorecer la movilidad en el mercado de trabajo. En España hay un 5 por ciento de la población adulta que cursa estudios, aunque todavía está alejado del 8 por ciento de la media de la Unión Europea.

Formación permanente

Del repaso de todos los sistemas educativos europeos se constata que el éxito de los sistema educativos se basa en la cohesión social, los sistemas de formación del profesorado y el buen funcionamiento de los centros escolares. Ejemplo de ello son Finlandia, Holanda, Bélgica y Suecia; mientras que en el lado opuesto se sitúan Portugal, Grecia, Italia y España.

El informe señala que las políticas de los sistemas educativos europeos tienden a orientarse cada vez más hacia la doctrina de la competitividad y de la competencia económica, en lugar de la igualdad y la cohesión social. Asimismo reconoce que no hay consenso sobre las fórmulas a seguir para lograr la integración escolar de las diferentes minorías.
 
 

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