Artículos: Parque del Retiro de Madrid, mafias venden droga y se avisan a golpe de tambor
Seguridad Ciudadana

Ni los cuarenta grados que alcanzan los termómetros de la capital en los meses de verano son un obstáculo para los «reyes del Retiro». Vendedores ambulantes de hachís y cocaína que han hecho del parque uno de los mayores puntos de venta de droga al por menor que se conocen en Madrid. No son violentos, pero suelen tener todo muy controlado a su alrededor



La supervisión es primordial y por ello tienen en funcionamiento un dispositivo de vigilancia permanente. Las puertas principales del parque están tomadas por «camellos» de raza negra. El menudeo de droga se ha convertido en un acto de supervivencia para estas personas. Una mercancía que, según sus vendedores, procede de Marruecos y Pakistán. El 90 por ciento de los inmigrantes que se dedica a la venta de droga en el Retiro son subsaharianos. Un monopolio que antes tenía el 10 por ciento restante, todos ellos procedentes de Marruecos.

Según la Policía, todos los comerciantes -unos 40 en su totalidad- están controlados y fichados. El problema es que no suelen llevar mucha cantidad encima y no tardan en regresar a la acción después de pasar dos o tres días en el calabozo, con lo que vuelven a ejercer sus negocios con total impunidad. Además, muchos están en situación ilegal y, por tanto, tienen abierto el correspondiente proceso de expulsión, pero se trata de un trámite largo que, mientras se lleva a cabo, les permite permanecer en la calle traficando con pequeñas cantidades de droga.

Abierto a todos los públicos

El parque del Retiro, considerado como uno de los pulmones verdes de la Comunidad de Madrid y lugar de referencia para el ocio de los madrileños, se ha convertido en una zona conflictiva donde los «trapicheos» son muy frecuentes. Los «mercaderes» ofrecen su mercancía a la mayoría de los viandantes, y muchos aprovechan para practicar el robo al despiste.

El «chiringuito» está abierto para jóvenes y mayores, incluso menores de edad que en ocasiones acuden a este lugar. El consumo de hachís está muy extendido por diversas capas sociales y culturales, por lo que no hay un perfil concreto y definido del consumidor habitual. A lo largo de todo el Retiro, los traficantes suelen estar apostados en los bancos, junto a los caminos y apoyados en los árboles, dispuestos a abordar a los transeúntes que disfrutan de la supuesta tranquilidad del Retiro.

Te acechan por todas partes y la mayoría se niega a aceptar un «no» por respuesta. Sólo después de cinco o seis negativas es cuando se dan por vencidos, pero es en el momento en que reciben una respuesta afirmativa cuando empieza la acción. Tres o cuatro vendedores entran en escena y se acercan ofreciendo la mercancía: «polen, bellotas, buena calidad, mira, mira. Unos 10 gramos por 40 euros». Sin que uno pueda reaccionar, otro de los que integran el grupo muestra la misma cantidad por menos precio. Aunque basta con pasar de largo para que cambien la oferta. Así, hasta rebajar el precio inicial de 40 euros a 10 ó 20 euros.

Uno de los agentes de la Policía montada asegura que los traficantes suelen echar mano de los aparatos musicales, en este caso timbales o instrumentos de percusión, para alertar de la presencia de los agentes.

Aceleran el ritmo de la música

«El ruido de los tambores se oye durante casi todo el día y cuando los músicos aceleran el ritmo de su música quiere decir que algún menudeo se está llevando a cabo y que los agentes que custodian el Retiro están al acecho». Una situación que parece insostenible.

La estadística refleja que el distrito del Retiro es uno de los más tranquilos de Madrid, pero el «pulmón verde» es una isla aparte. No obstante, la colaboración entre la Policía Municipal y el Cuerpo Nacional de Policía ha contribuido a incrementar la sensación de protección entre los visitantes. Un hecho que los cuerpos de seguridad y el gobierno de la ciudad esperan resolver cuanto antes.

La Plaza de Castilla, otro punto «caliente» de la venta de hachís

La Plaza de Castilla se ha convertido en otro punto caliente para la venta de hachís. Una zona por la que cada día pasan miles de madrileños. Como en El Retiro, ofrecen al viandante el costo.

Esconden la droga en las cabinas de teléfono, debajo de la repisa adherida con cinta aislante o en pequeñas bolsas de plástico. Estos escondrijos hacen que los traficantes estén pendientes de los ciudadanos y por supuesto no le quitan ojo a su mercancía.

Se suelen provocar situaciones incómodas cuando por casualidad alguna persona decide utilizar el teléfono público donde está escondida la droga. Sin saberlo, este transeúnte tiene en alerta a los «camellos», mientras habla despreocupadamente por teléfono.

Normalmente, cuando la Policía entra en acción se encuentran con pequeñas cantidades de droga con lo que sólo les pueden castigar con sanciones administrativas.

En ningún caso corren peligro de recibir una sanción penal, pues, si descubren el género que hay en las cabinas, siempre podrán negar que les pertenece

 

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