Artículos: Islam y confrontación en Holanda
Islam

Meses después del asesinato del cineasta Theo Van Gogh a manos de un holandés de origen marroquí, que consideró ofensivo hacia el Islam un reportaje realizado por Theo, Holanda se ve inmersa en un debate sin condiciones sobre la integración de los inmigrantes y sus hijos. Se habla sin tapujos, como nunca antes se había hablado en este país, encorsetado desde hacía décadas por lo “políticamente correcto”. Es la segunda fase que está viviendo Holanda después del periodo de incredulidad que se vivió tras el asesinato del cineasta y nadie se atreve a vaticinar cual será el siguiente escalón que subirá esta sociedad.



Paul Schefer, profesor universitario, escritor y periodista que en el 2000 abrió un debate nacional en Holanda sobre la inmigración y el Islam con su artículo Drama multicultural, ya se ha acostumbrado en estos últimos cinco años a que le soliciten para dar conferencias en muchos más sitios de los que puede asistir.
 
“Me han invitado a hablar sobre estos temas en varios países, entre ellos España, Canadá y Australia, y la gente se queda boquiabierta, asustada”, dijo Scheffer durante una entrevista en su casa en Amsterdam. “Es difícil encontrar el lenguaje adecuado para hablar de estas cosas, y de hecho aquí en Holanda no lo hicimos durante muchos años, prefiriendo creer que la llegada de gentes de otras culturas y religiones nos haría más cosmopolitas y tolerantes, en lugar de lo que ha ocurrido, que es lo opuesto de lo que habíamos imaginado. Fuimos muy inocentes. En vez de integración hemos visto un proceso de segregación con un creciente choque de culturas, especialmente con el Islam”.
 
“Existía el miedo”, dice, “ de que un debate abierto agravara la intolerancia y creara más conflicto, pero no es verdad. La idea de que si hablas suave, si utilizas un lenguaje diplomático, el problema sencillamente desaparecerá no es verdad. El alcalde de Amsterdam, Job Cohen, le ha dado la mano a todos, se ha portado muy amablemente con todos, pero ahora necesita protección 24 horas al día porque es judío. Entonces, mejor hablar y sin pelos en la lengua. Lo que intento comunicar a la gente es que veo el debate como una invitación, no un rechazo. El gran objetivo es buscar la fórmula de la convivencia. Por eso en mi opinión Holanda es hoy día un laboratorio no sólo para los holandeses, sino para todo el mundo”.
 
Ahora que parte de la clase política holandesa necesita protección policial para evitar atentados islámicos parece que las tradicionales diferencias ideológicas entre izquierdas y derechas se diluyen cuando de inmigración se trata. Scheffer, que se perfila como líder del Partido Laborista, basa su discurso en un concepto muy claro de lo que deben hacer los inmigrantes para adaptarse a una sociedad europea y democrática: “Los inmigrantes tienen que adaptar su forma de pensar a un país en el que el Islam es, y siempre será, minoría. Deben comprender claramente que si quieren vivir con el libro sagrado en la mano hay que aceptar que la gente lo pueda criticar o incluso ridiculizarlo.”
 
Marco Pastors, político de derechas y vicealcalde de Rotterdam, expone una tesis con diferencias de matiz respecto a la de Scheffer. Pastors opina que el Islam tiene que cambiar, al menos en su versión europea, para posibilitar la permanencia de los musulmanes en una sociedad fundamentalmente “cristiana y humanista como la holandesa”. “Estamos fomentando el debate en Rotterdam, financiándolo con dinero de la ciudad, en gran parte porque queremos que los mismos musulmanes reflexionen, se pregunten entre otras cosas por qué si el Islam es tan superior han optado por vivir en un país como el nuestro. Hablamos en los debates de la desigualdad entre hombres y mujeres, matrimonios forzados y otras cosas de las que los musulmanes nunca hablan entre ellos, y ello nos da la esperanza de que quizá su pensamiento evolucione hasta que un día sí podamos vivir juntos”.
 
Mientras los políticos idean planes y estrategias para salir de esta encrucijada, en la calle se vive un debate permanente sobre la inmigración. Se ha llegado a un punto sin retorno en el que todo el mundo dice abiertamente lo que piensa del asunto. Lo políticamente correcto ya no tiene cabida en la “calle” holandesa y se pueden oír en debates televisivos opiniones tan tajantes como  que “si no les gustan las costumbres de los holandeses que cojan el avión de vuelta a Marruecos”.
 
El debate no se está produciendo solamente entre holandeses autóctonos y turcos y magrebíes sino que ha alcanzado también al seno de la comunidad musulmana aglutinada en diversas ramas del Islam más o menos tolerantes o visto de otra forma, más o menos intolerantes. Uno de los dirigentes más conocidos de la comunidad musulmana holandesa es Mohamed Cheppih. Nacido en Holanda hace 27 años de padres marroquíes y educado en Arabia Saudí, es el presidente de la Liga Mundial Musulmana en Holanda, organización financiada por la familia real saudí para propagar el Islam en Europa.
 
En todas las entrevistas que concede, Cheppih habla con desprecio de la sociedad holandesa. Según él, el único valor que concede al debate nacional sobre el Islam es que le permite “ver, oír y sentir como piensa la sociedad holandesa”. Algo así como el interés que muestran dos ejércitos enemigos en conocer cuales son los movimientos del contrario.
 
Este peculiar líder musulmán deja entrever que la única solución al problema sería la emigración de los holandeses de origen turco y magrebí a los países que vieron nacer a sus padres. “La sociedad holandesa es tan hipócrita”, dice Cheppih. “Durante 20, 30 años parecían buena gente, pero resulta que nos odian y temen, y consideran que el Islam es una religión retrógrada”. Ante la pregunta que decenas de veces se le ha planteado en los debates públicos de que sino está a gusto ¿por qué no coge el avión de vuelta a Marruecos? Cheppih responde: “ Es que ¡yo no quiero vivir en Holanda! Pero nací aquí. Los que somos de segunda generación de inmigrantes no elegimos vivir en este país y nos sentimos atrapados y frustrados”.
 
La otra cara de la moneda la representan gente como Rachid Ben Alí, pintor holandés de origen marroquí, que no sólo ha renegado del Islam sino que ha convertido cada uno de sus cuadros en un recordatorio de la falta de libertad que se vive en el mundo musulmán. Después del 15 de enero pasado ya no se desplaza sin guardaespaldas. El 15 de enero es la fecha en la que inauguró una exposición de sus cuadros en los que se pueden ver bombas, cuerpos mutilados, imanes expulsando excrementos por la boca; todo ello como simbólica acusación de la relación de Islam y terrorismo. “Quiero que la gente vea que siendo de origen musulmán uno puede ser absolutamente libre en su forma de pensar. El mundo musulmán no te da espacio como individuo. Hay un control social terrible.”
 
 
Este clima general de debate que vive Holanda, que a algunos como Scheffer les hace abrigar esperanzas sobre un futuro en convivencia, es para otros el síntoma de que Holanda es ya un poco el Magreb o Turquía. Los políticos más pesimistas no ven en el diálogo una oportunidad de mejorar la situación sino que para ellos el estar debatiendo en pleno 2005 sobre la igualdad de sexos y la libertad de expresión es la constatación de que Holanda retrocede poco a poco a la Edad Media.
 

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