Artículos: Otra especie autóctona extinguida.
Ecología
HA MUERTO CANNELLE. El pasado día 1 de Noviembre cayó abatida por el disparo de un “cazador” Cannelle, la última osa autóctona de los Pirineos. Aniquilando al oso se pretende acabar con un modelo de gestión territorial opuesto a intereses comerciales. No es casualidad que financiando la Oposición al Oso en el Valle de Arán estuviese un alcalde con intereses inmobiliarios en la ampliación de la estación de esquí de Baqueira
 
Esperemos, de todas formas, que este triste acontecimiento nos haga recapacitar y que sirva para que otras especies ibéricas en grave peligro de extinción (se calcula que el Lince Ibérico y el Urogallo Cantábrico habrán desaparecido en el 2020 ) sean objeto de una protección real y eficaz.


HA MUERTO CANNELLE
 
En el S. XV los osos del Pirineo tenían aún conexión con los del Sistema Central, Montes de León, Zamora y Gredos. Incluso quedaban en el norte del Sistema Ibérico, en Cuenca. Hoy, todo lo que queda de aquellas poblaciones son 12 osos en el nucleo oriental (todos de origen esloveno, procedentes de sueltas realizadas años atrás para reforzar las poblaciones autóctonas pero de una subespecie diferente a la pirenaica) y 3-4 osos en el núcleo occidental (1 de origen esloveno). Otro individuo de este grupo es un osezno, huérfano de madre desde el día 1 de Noviembre y a día de hoy desaparecido.
 
El pasado día 1 de Noviembre cayó abatida por el disparo de un “cazador” Cannelle, la última osa autóctona de los Pirineos. Su muerte se produjo en el transcurso de una batida de jabalí en la localidad de Urdos, Valle del Aspe, Pirineo Occidental. La batida se llevó a cabo aunque los cazadores estaban perfectamente avisados de que la osa y el osezno estaban en esa zona. El domingo, 31 de octubre, el presidente de la sociedad de cazadores de Urdos fue advertido de que la familia de osos estaba en el lugar en el que al día siguiente fueron  cazados. La osa y la cría podrían haber sido acosados por los perros, resultando, al parecer, uno de los canes herido.
 
La historia no es nueva y en 1994 la penúltima osa de Los Pirineos también cayó abatida por los disparos de un cazador en el valle de Aspe. Con la muerte de Cannelle se cierra el último capítulo de la historia de esta subespecie de oso pardo. No por esperado el final ha sido menos triste.
 
De nuevo la cordillera de Los Pirineos, emblemático lugar para todos los amantes de la naturaleza, se ve ligada a una extinción. Hace unos años fue el último bucardo (cabra pirenaica) el que apareció muerto por causas naturales en medio del bosque. Antes que él y a lo largo de dos siglos, centenares de sus congéneres fueron eliminados sistemáticamente por la mano del hombre.
 
Soy incapaz de expresar con letras la pena y el asco que me produce tener que escribir sobre esto. Lo que nunca debió de ocurrir ha ocurrido y ya son dos especies las que se nos escurren entre los dedos en Los Pirineos. Hasta llegar a esto hemos tenido que aguantar a un coro de irresponsables que antes de reconocer que las cosas iban mal, muy mal para el Oso Pirenaico, nos han aturdido con sus bramidos.
 
Asociaciones de cazadores empeñadas en dar batidas a los jabalíes en zonas donde las osas criaban a sus oseznos y necesitaban de la máxima tranquilidad; alcaldes con un fajo de billetes por corazón empeñados en favorecer el turismo por encima de todo;  políticos cuyo único interés es permanecer en el sillón el tiempo suficiente para poder lucrarse con algún chanchullo inmobiliario, etc, etc, etc...
 
Actualmente no se mata al oso por defender el ganado. Aniquilando al oso se pretende acabar con un modelo de gestión territorial opuesto a intereses desarrollistas. No es casualidad que financiando la Oposición al Oso en el Valle de Arán estuviese un alcalde con intereses inmobiliarios en la ampliación de la estación de esquí de Baqueira.
 
Ya sólo queda pedir que se castigue a los culpables y tomar nota para que esto no vuelva a ocurrir. Tarea difícil si tenemos en cuenta que no se conoce hasta la fecha ni un solo caso de persecución de furtivos en el Pirineo. Sin irnos muy atrás, impunes siguen quienes mataron un oso en Ansó y otro en Hecho en 1994, una osa en Borce en 1994 y la osa Melba en 1997.
 
Esperemos, de todas formas, que este triste acontecimiento nos haga recapacitar a todos, autoridades competentes y movimientos sociales y que sirva para que otras especies ibéricas en grave peligro de extinción (se calcula que el Lince Ibérico y el Urogallo Cantábrico habrán desaparecido en el 2020 ) sean objeto de una protección real y eficaz.
 

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